| Vuelve “Verdi-Réquiem”, otro acierto del BANCH |
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| Jueves, 24 de Septiembre de 2009 20:05 | |
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Marietta Santi
Los mayores aciertos de Gigi Caciuleanu, director del Ballet Nacional Chileno, Banch, surgen cuando el coreógrafo lleva sus ideas al extremo: así sucedió con las premiadas piezas “Gente”, hecha en varios escenarios y que refleja a las personas y su vida actual, y “Cuerpo”, magnífico homenaje a la fisicalidad, a la herramienta del bailarín y al contenedor de todo ser humano. Ahora sucede lo mismo con “Verdi-Réquiem”, obra de largo aliento que recorre todo el Réquiem de Verdi, donde Gigi exige técnica e interpretación al máximo a sus bailarines, para transmitir un discurso relacionado con su visión personal del tránsito humano por la vida.Lejos de la danza lírica o la danza ilustrativa, esta pieza podría llamarse danza-reflexión ya que esconde una serie de pensamientos e ideas sobre la vida, la muerte y la vida después de la vida, emanados del ejercicio del pensamiento del coreógrafo. Así, en 24 momentos coreográficos llamados rituales, se desarrollan temas como el poder, la soledad, las tensiones humanas, el renacer cotidiano, la transformación, etc, en cuadros que van de solos a grandes grupos, compactos o funcionando en cuadros paralelos. Estos rituales, explicados con textos poéticos de Caciuleanu en el mismo programa de mano de la pieza, son en sí mismos más que fraseos coreográficos pequeñas coreografías con su propio desarrollo y ritmo. Más que momentos son pequeñas obritas con una textualidad implícita, constituyéndose un discurso sólido y legible que se devela de principio a fin de la obra. Cruza la obra la imagen de César Sepúlveda, que transita por estados reconocibles como el nacimiento, la muerte o el dolor y el final renacimiento, en una alegoría que puede ser crística o simplemente relacionada con la evolución del espíritu humano. Como elementos de apoyo los intérpretes utilizan elementos como palos en forma de grandes varillas, cuerdas, cadenas, y hasta un coche de guagua, que no sólo colaboran en la metáfora, sino que funcionan para responder a otra preocupación de Gigi Caciuleanu: medir el espacio, delimitarlo, hacerlo concreto a nuestros ojos. Por ejemplo, las cuerdas que tensan dos bailarines en un dúo son más que reflejos concretos de la relación entre ellos, también le sirven al coreógrafo para dibujar el espacio, cuantificándolo y haciéndolo material.La escenografía y el vestuario son muy sencillos, realizados con el concepto del colaborador permanente de Gigi, Dan Mastacan, que usa colores que van del negro al rojo pasando por el blanco. En la difícil tarea de conjugar técnica e interpretación (casi teatral) destacan: Cristián Contreras que pone fuerza y sutileza en La Soledad del Rey; Carola Alvear, capaz de sacar lágrimas con La Mesa del Silencio, limpia y arriesgada técnicamente y dándolo todo en lo emocional; Rita Rossi, especie de atleta dúctil y cargada de sentido, consigue que su cuerpo transmita estados profundos en sus intervenciones de más protagonismo; César Sepúlveda, quien lleva el peso de la metáfora con técnica, soltura y teatralidad, además de Kana Nakao y Jorge Carreño, inolvidables en el dúo Lacrimosa. “Verdi-Réquiem” Ballet Nacional Chileno viernes 25 y sábado 26 de septiembre y los días 2, 3, 8, 9 y 10 de octubre, a las 19:30 horas. ![]() Teatro Universidad de Chile (Providencia 043) Entradas desde $ 3.000 público general; estudiantes $ 1.000 en boletería |


Los mayores aciertos de Gigi Caciuleanu, director del Ballet Nacional Chileno, Banch, surgen cuando el coreógrafo lleva sus ideas al extremo: así sucedió con las premiadas piezas “Gente”, hecha en varios escenarios y que refleja a las personas y su vida actual, y “Cuerpo”, magnífico homenaje a la fisicalidad, a la herramienta del bailarín y al contenedor de todo ser humano. Ahora sucede lo mismo con “Verdi-Réquiem”, obra de largo aliento que recorre todo el Réquiem de Verdi, donde Gigi exige técnica e interpretación al máximo a sus bailarines, para transmitir un discurso relacionado con su visión personal del tránsito humano por la vida.
Como elementos de apoyo los intérpretes utilizan elementos como palos en forma de grandes varillas, cuerdas, cadenas, y hasta un coche de guagua, que no sólo colaboran en la metáfora, sino que funcionan para responder a otra preocupación de Gigi Caciuleanu: medir el espacio, delimitarlo, hacerlo concreto a nuestros ojos. Por ejemplo, las cuerdas que tensan dos bailarines en un dúo son más que reflejos concretos de la relación entre ellos, también le sirven al coreógrafo para dibujar el espacio, cuantificándolo y haciéndolo material.
