| “El Alma de las Termitas”: Concierto dramático y un lujo para el espectador |
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| Sábado, 14 de Enero de 2012 11:22 | |
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La pieza tiene como punto de partida un libro sobre las termitas publicado en 1926 por Maurice Maeterlinck, dramaturgo, poeta y ensayista belga, acusado por el sudafricano Eugene Marais de plagio. Entonces, la pieza parte con un entomólogo experto en termitas (de Pauw), entrega una didáctica charla sobre la vida y muerte de estos insectos. Hay humor en su discurso, hay propiedad. Se nota que el conferenciante sabe de lo que habla. Su charla sorprende, luego causa risa, finalmente vienen las comparaciones inevitables, por parte del público, entre la materia de la exposición y la sociedad humana. El conferenciante también deja ir su cabeza. Recuerdos, un pasado lejano en el tiempo pero no en influencia, un amor equivocado y además perdido luego de una tragedia. Y la música se suma en medio de la charla. Violín, chelo, sintetizadores, cuyos acordes que se mueven por el jazz moderno dialogan con el hablante, quien ya no habla sino que dice cantando. De fondo imágenes: de las termitas que comen, que construyen su termitero, soldados, reinas, obreras; conviven con las de una pareja y de un grupo en el Congo belga, investigadores, protagonistas de la vida privada del experto en termitas. La música, además, subraya los gritos no emitidos por el expositor. La naturaleza humana aparece desordenada y vacilante al lado de la rigurosa construcción de las termitas. En su cotidianidad no hay caos, cada una sabe cuál es su papel y lo respeta. De Pauw se despoja de la corbata, el reloj, los anteojos y la chaqueta cuando su personaje, Etienne, da rienda suelta a sus recuerdos. El que observa y escucha entiende. La historia que cuenta no parece ajena, todos entendemos eso del amor que no puede ser y que luego se pierde para siempre. Por el destino, por la fatalidad, por la naturaleza de lo que somos. El discurso es una lucha entre la razón y la pasión, entre el orden y el caos, entre la emoción y el deber ser. Y la música da cuenta de ello, de la tensión entre el desborde de la naturaleza humana y el orden de la ciencia. El tramo final eriza la piel. La imagen de una termita soldado golpeando una y otra vez su cabeza es angustiante. Su sacrificio termina con una potente imagen, llena de implicancias metafóricas. “El Alma de las Termitas” es una experiencia que investiga en los límites de la teatralidad, con un elenco que se la juega ciento por ciento y consigue llegar a lo más profundo del público.
Hoy último día 21 horas, en el GAM Santiago a Mil |


Esta pieza, pensada por un grupo de artistas belgas (Josse de Pauw, quien actúa y dirige; David Van Reybrouck, autor del guión; y la música de Jan Kuijken, George van Dan), es un lujo sensorial y conceptual para el espectador. Concierto dramático o dramatizado, “El Alma de las Termitas” se mueve en complejidades sensibles que tocan al público capaz de completar con su propio imaginario la propuesta escénica.
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