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Un Hamlet visceral y un delirio mexicano :: 2009 Imprimir E-mail
  
Martes, 20 de Enero de 2009 22:10
-Las dos últimas obras internacionales estrenadas en Santiago a mil, "Hamlet" y "De Monstruos y Prodigios", muestran dos maneras de enfrentar el misterio del teatro.

 

Marietta Santi

HAMLETLa versión de "Hamlet" del lituano Eimuntas Nekrosius, no ha perdido la profunda pasión que lo anima pese a ser una creación de hace 12 años. Y si bien funde personajes secundarios y altera el orden narrativo, prescindiendo incluso de Rosencrantz y Guildenstern, conserva y profundiza el espíritu trágico de pieza shakesperiana. Su escenografía remite al imaginario nórdico, helado y oscuro, lo que aporta a entender las bajas pasiones que se mueven en la obra. Desde el cielo pende una sierra de metal, como una espada de Damocles, símbolo de la desgracia que viene. La angustia del protagonista es recalcada con el uso de hielo y fuego en escena, creando una pesada atmósfera donde los ruidos (agua que cae, música docta, viento) son perturbadores. Impresionante es la opción del director para la locura y posterior muerte de Ofelia, que la dignifica y la aleja de las Ofelias que babean y se arrastran. Es así como sus casi cuatro horas de duración se pasan volando, porque el hilo conductor emocional que el director logra desarrollar atrapa al espectador.

HAMLET
El rockero cuarentón a cargo de Hamlet, Andrius Mamontovas, da vida a un Príncipe de Dinamarca salvaje y expresivo, cuyo dolor parece inconmensurable y regido por las leyes de la naturaleza que explotan en el escenario.
HAMLET

Lejos del salvajismo incontrolado de los lituanos llega, de México, "De Monstruos y Prodigios", puesta en escena delirante que cuenta la historia de los castrados, niños operados para mantener su voz angelical. Todo parte con un monólogo a cargo de un sujeto que pronto revela ser nada menos que un centauro, que habla de las rarezas de la genética atribuidas a zoofílicos coitos, quien da paso a una conferencia sobre los castrados a cargo de siameses.

De Monstruos y Prodigios

Desde entonces desfilan personajes esperpénticos como el mismo castrado y el indio, que refleja la mirada de Europa sobre el nuevo mundo. El elenco combina actuación con canto lírico, y dan cuenta de la evolución del lugar del castrado en la sociedad de acuerdo al sitio de las mujeres, quienes sufrieron la prohibición de cantar en un escenario. Finalmente, la pieza es una reflexión irónica sobre la caprichosa naturaleza humana. Y si bien flaquea en su último tercio por una batalla campal con el público que rompe la magia lograda (un juego demasiado burdo para la sutileza lograda en el escenario), la sensación final es placentera tanto para los ojos como para el oído.

De Monstruos y Prodigios
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