| Simón Silva: “Me gustaría que el espectador apreciara un trocito de su alma” |
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| Martes, 16 de Marzo de 2010 08:14 | |
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En “La Muerte de Pandu”, la compañía Dies Irae intenta traspasar mucho más que un texto dramático. Hay un proceso espiritual que queda en evidencia.
“La Muerte de Pandu”, dirigida por Simón Silva, es un espectáculo que apunta a la sensibilidad más completa del espectador. Estructurado como una fábula, que en realidad es un una adaptación del Mahabharata, libro sagrado que reúne la gran epopeya mitológica de la India, y narrado con texto, danzas indias y trabajo físico marcial también de ese origen, se convierte en una experiencia única en la cartelera. La compañía es Dies Irae y hasta el 14 de abril estará en Lastarria 90. Es Simón, de 29 años, quien habla de esta particular propuesta.
Háblame de la compañía. ¿Cuáles son los objetivos que la mueven, respondiendo a qué necesidad se forma?
Nuestra Compañía de teatro nace en 2004, con la condición de ser un grupo experimental. Así, la investigación que hemos realizado durante los seis montajes, radica en el estudio de la imagen y su formalización estética, vinculando las posibilidades del cuerpo humano como herramienta preponderante de la puesta en escena. Nos definimos también como gente de teatro y tomamos los costos que esto trae. En las escuelas de teatro, por ejemplo, enseñan diversas técnicas actorales, vocales y corporales pero no a llevar una vida teatral en un sistema social y económico donde el arte queda relegado a una espera. Es por ello que los actores hacen de todo menos teatro, porque siente que no están las condiciones para cultivar el oficio teatral y lo abandonan. Por eso es muy difícil encontrar montajes que no sean mediáticos y muy fácil hallar obras de bajo presupuesto espiritual.
¿Después de qué proceso llegan a La Muerte de Pandu?
En procesos de hondos cuestionamientos internos y en el Mahabharata al parecer están nuestras inquietudes. No tenemos la capacidad de entregar discursos a la gente ni menos una verdad absoluta, sólo intentamos compartir nuestros errores tan profundamente humanos, como la fragilidad a la cual estamos expuestos diariamente. Técnicamente, el proceso ha sido buscar a través de los años, imágenes de alto valor estético, abocándonos en el rito, en lo sagrado y en la disciplina teatral.
¿Por qué abordar un tema de otra cultura que precisa conocimiento intelectual y físico?
En primer orden para provocar un enlace artístico entre dos culturas geográficas y espiritualmente lejanas. Así, acercamos -pretenciosamente- un texto clásico de la India por primera vez a nuestro País. Segundo, lograr ser transportadores de códigos particulares en la percepción del espectador occidental. El teatro no es un texto literario, sino toda la creación que aparece en un espacio vacío, a partir de la profunda humanidad de los intérpretes.
¿Cómo se prepararon para montar la obra? (tanto intelectual como físicamente)
Esto tiene plena relación con la pregunta uno. El tiempo de entrenamiento fue un año, siguiendo estrictas dietas alimenticias y un trabajo físico compuesto de yoga, kalaripayattu, utilización de armas y danza, en el más alto caso de seis horas diarias, los intérpretes mes a mes iban mostrando sus evoluciones, sus dolores, sus retrocesos, sus cuestionamientos. Los actores, comenzaron a trasladarse en bicicletas desde sus hogares al lugar de ensayo a caminar kilómetros descalzos para sentir la temperatura de la tierra. A desarrollar una fe. El texto llegó en los últimos cuatro meses del proceso, asumiéndolo el actor como una autointerpretación para desencadenar en una transfiguración. Diálogos que se producían en parques, salas oscuras, en largas escaleras, bajo la lluvia, enfrentándose a un espejo, etc. Pero no puedo dejar pasar la visión que obtuvimos del cosmos y nuestro rol en él. De la obligación que tenemos de tranquilizar nuestra alma. Sacar todo aquello que la dañe, ya que no nos pertenece. Nuestra vida es solo un paso a la perfección.
¿Fue muy complicado que los actores se sumergieran en una tradición corporal tan distinta a la occidental? ¿Cuáles fueron los principales problemas?
Acostumbrados a un teatro basado en el diálogo como principal fuente creadora, los actores necesitaban la historia para que sus ejercicios físicos cobraran sentido, quizás eso fue una problemática dentro del proceso. Otro problema es concientizar la limpieza del movimiento, y el reconocimiento de la fragmentación de la energía en cada gesto. Tomando un ejemplo: Las actrices hacen una coreografía con los ojos vendados donde no ven absolutamente nada, el nivel de conexión, concentración y ritmo que deben tener es fundamental para que la imagen no fracase y produzca un impacto gravitante en el espectador. Una imagen que no olvide fácilmente.
¿Qué te gustaría que apreciara el público que ve la obra?
Un trocito de su alma, que el receptor se enfrente con su propia espiritualidad, escapando de la generalidad que nos invade. Vivimos en un mundo donde estamos involucrados fuertemente por lo externo, lo que hace perder los cimientos de nuestro templo interno, la particularidad. No digo que eliminemos todo lo que nos llega, sino tener la capacidad de filtrar. El público además, que aprecie la artesanía del actor en su trabajo, es algo que no lo puede hacer cualquiera persona. Yo no puedo construir un edificio, no puedo defender en un juicio ni menos sanar a una persona, solo puedo actuar y esto tiene mi más agudo respeto.
La puesta en escena se sostiene en los intérpretes. ¿Esta simplicidad es una opción estética?
El teatro tiene un rol autónomo, como la música. El espectador podrá ver el entorno real que rodea el espacio escénico. Tiene un interés estético absolutamente, son fotografías que formamos en cada cuadro. El actor no dispone de camerinos para cambiar de apariencia, toda la maquinaria teatral está ante los ojos del espectador. Esto es a lo que apostamos fuertemente.
“La Muerte de Pandu”
Autor(a):
Adaptación del Mahabharata: Simón Silva
Director(a): Simón Silva
Elenco: Paulina Escalona, Arellys Espinosa, Deissy Hidalgo, Alondra Cid, Aníbal Peña y Mariano Jiménez
Escenografía: Javier Alvarado
Vestuario:Carmen Gloria Cuello
Diseño: Macarena Escalona
Música: Martín Farías
Hasta el 14 de abril
Jueves a Domingo, 21:30 hrs.
General $3.000; Estudiantes y tercera edad $2.000; Jueves Populares $2.000
Reservas: (09) 91284809, (09) 98840890
En “La Muerte de Pandu”, la compañía Dies Irae intenta traspasar mucho más que un texto dramático. Hay un proceso espiritual que queda en evidencia.“La Muerte de Pandu”, dirigida por Simón Silva, es un espectáculo que apunta a la sensibilidad más completa del espectador. Estructurado como una fábula, que en realidad es un una adaptación del Mahabharata, libro sagrado que reúne la gran epopeya mitológica de la India, y narrado con texto, danzas indias y trabajo físico marcial también de ese origen, se convierte en una experiencia única en la cartelera. La compañía es Dies Irae y hasta el 14 de abril estará en Lastarria 90. Es Simón, de 29 años, quien habla de esta particular propuesta.
Háblame de la compañía. ¿Cuáles son los objetivos que la mueven, respondiendo a qué necesidad se forma?
Nuestra Compañía de teatro nace en 2004, con la condición de ser un grupo experimental. Así, la investigación que hemos realizado durante los seis montajes, radica en el estudio de la imagen y su formalización estética, vinculando las posibilidades del cuerpo humano como herramienta preponderante de la puesta en escena. Nos definimos también como gente de teatro y tomamos los costos que esto trae. En las escuelas de teatro, por ejemplo, enseñan diversas técnicas actorales, vocales y corporales pero no a llevar una vida teatral en un sistema social y económico donde el arte queda relegado a una espera. Es por ello que los actores hacen de todo menos teatro, porque siente que no están las condiciones para cultivar el oficio teatral y lo abandonan. Por eso es muy difícil encontrar montajes que no sean mediáticos y muy fácil hallar obras de bajo presupuesto espiritual.
¿Después de qué proceso llegan a La Muerte de Pandu?En procesos de hondos cuestionamientos internos y en el Mahabharata al parecer están nuestras inquietudes. No tenemos la capacidad de entregar discursos a la gente ni menos una verdad absoluta, sólo intentamos compartir nuestros errores tan profundamente humanos, como la fragilidad a la cual estamos expuestos diariamente. Técnicamente, el proceso ha sido buscar a través de los años, imágenes de alto valor estético, abocándonos en el rito, en lo sagrado y en la disciplina teatral.
¿Por qué abordar un tema de otra cultura que precisa conocimiento intelectual y físico?
En primer orden para provocar un enlace artístico entre dos culturas geográficas y espiritualmente lejanas. Así, acercamos -pretenciosamente- un texto clásico de la India por primera vez a nuestro País. Segundo, lograr ser transportadores de códigos particulares en la percepción del espectador occidental. El teatro no es un texto literario, sino toda la creación que aparece en un espacio vacío, a partir de la profunda humanidad de los intérpretes.
¿Cómo se prepararon para montar la obra? (tanto intelectual como físicamente)
Esto tiene plena relación con la pregunta uno. El tiempo de entrenamiento fue un año, siguiendo estrictas dietas alimenticias y un trabajo físico compuesto de yoga, kalaripayattu, utilización de armas y danza, en el más alto caso de seis horas diarias, los intérpretes mes a mes iban mostrando sus evoluciones, sus dolores, sus retrocesos, sus cuestionamientos.
Los actores, comenzaron a trasladarse en bicicletas desde sus hogares al lugar de ensayo a caminar kilómetros descalzos para sentir la temperatura de la tierra. A desarrollar una fe. El texto llegó en los últimos cuatro meses del proceso, asumiéndolo el actor como una autointerpretación para desencadenar en una transfiguración. Diálogos que se producían en parques, salas oscuras, en largas escaleras, bajo la lluvia, enfrentándose a un espejo, etc. Pero no puedo dejar pasar la visión que obtuvimos del cosmos y nuestro rol en él. De la obligación que tenemos de tranquilizar nuestra alma. Sacar todo aquello que la dañe, ya que no nos pertenece. Nuestra vida es solo un paso a la perfección.
¿Fue muy complicado que los actores se sumergieran en una tradición corporal tan distinta a la occidental? ¿Cuáles fueron los principales problemas?
Acostumbrados a un teatro basado en el diálogo como principal fuente creadora, los actores necesitaban la historia para que sus ejercicios físicos cobraran sentido, quizás eso fue una problemática dentro del proceso. Otro problema es concientizar la limpieza del movimiento, y el reconocimiento de la fragmentación de la energía en cada gesto. Tomando un ejemplo: Las actrices hacen una coreografía con los ojos vendados donde no ven absolutamente nada, el nivel de conexión, concentración y ritmo que deben tener es fundamental para que la imagen no fracase y produzca un impacto gravitante en el espectador. Una imagen que no olvide fácilmente.
¿Qué te gustaría que apreciara el público que ve la obra?
Un trocito de su alma, que el receptor se enfrente con su propia espiritualidad, escapando de la generalidad que nos invade. Vivimos en un mundo donde estamos involucrados fuertemente por lo externo, lo que hace perder los cimientos de nuestro templo interno, la particularidad. No digo que eliminemos todo lo que nos llega, sino tener la capacidad de filtrar. El público además, que aprecie la artesanía del actor en su trabajo, es algo que no lo puede hacer cualquiera persona. Yo no puedo construir un edificio, no puedo defender en un juicio ni menos sanar a una persona, solo puedo actuar y esto tiene mi más agudo respeto.
La puesta en escena se sostiene en los intérpretes. ¿Esta simplicidad es una opción estética?
El teatro tiene un rol autónomo, como la música. El espectador podrá ver el entorno real que rodea el espacio escénico. Tiene un interés estético absolutamente, son fotografías que formamos en cada cuadro. El actor no dispone de camerinos para cambiar de apariencia, toda la maquinaria teatral está ante los ojos del espectador. Esto es a lo que apostamos fuertemente.
“La Muerte de Pandu”
Autor(a):
Adaptación del Mahabharata: Simón Silva
Director(a): Simón Silva
Elenco: Paulina Escalona, Arellys Espinosa, Deissy Hidalgo, Alondra Cid, Aníbal Peña y Mariano Jiménez
Escenografía: Javier Alvarado
Vestuario:Carmen Gloria Cuello
Diseño: Macarena Escalona
Música: Martín Farías
Hasta el 14 de abril
Jueves a Domingo, 21:30 hrs.
General $3.000; Estudiantes y tercera edad $2.000; Jueves Populares $2.000
Reservas: (09) 91284809, (09) 98840890
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En “La Muerte de Pandu”, la compañía Dies Irae intenta traspasar mucho más que un texto dramático. Hay un proceso espiritual que queda en evidencia.
¿Después de qué proceso llegan a La Muerte de Pandu?
