"Los Ruegos", una Danza Necesaria

En 1997, la pieza de danza contemporánea “Los Ruegos” fue un remezón en el medio dancístico nacional. El coreógrafo francés Claude Brumachon, acompañado de su asistente Benjamín Lamarche, hicieron una audición a la que asistieron 150 bailarines. Luego de escoger a sólo diez, entre los que estaban los destacados Isabel Croxatto, Andrés Maulen, José Olavarría, Magdalena Bahamonde y Teresa Alcaíno, se lanzó con la creación de una pieza que exploraba en todo lo que el cuerpo tenía que decir frente a las heridas de la dictadura, las desapariciones y las heridas sociales que cargaba el país.

Hacer hablar al cuerpo era la premisa, llevarlo más allá de sus límites y de la técnica que cada uno de los intérpretes manejaba. Estrujarlo, por decirlo de alguna manera, llenar el espacio con el sentido emanado de brazos, piernas y torsos exigidos al máximo.
Esta manera de instalar el cuerpo en el escenario se enfrentó, entonces, con la técnica release que había llegado a Chile en los 90 desde Estados Unidos a través del Instituto Chileno Norteamericano, y que promueve un movimiento anatómico, que surge de la funcionalidad del propio cuerpo, sin intención ni sentido decir o expresar sentimientos, emociones o situaciones.
Fue tanto el impacto de Los Ruegos que sus intérpretes dieron vida a la compañía Movimiento, grupo señero y formador de bailarines que durante casi una década se dedicó  a crear, con obras como Altazor, Mistral, Absence y Viaje a la Semilla, entre otras.
Hoy, 17 años después, es un lujo y un encuentro entre generaciones volver a presenciar esta pieza, a cargo de casi todo su elenco original. Es así como Teresa Alacaíno, Isabel Croxatto, Magdalena Bahamonde, Natasha Torres, Andrés Maulén, Mario Ossandón, José Olavarría y José Miguel Acevedo, junto a Vima Jiménez y Alejandro Núñez, asumieron el riesgo de remontarla  sin variar su pentagrama coreográfico, apelando a su memoria corporal y emotiva.
El resultado es impactante. Los bailarines  y bailarinas, con otros cuerpos y su fisicalidad  permeada por historias y danzas varias, retomaron la intensa coreografía de Brumachon desde el estómago y la piel.
Cinco sillas y varias chaquetas en un escenario desnudo son los únicos elementos, sumados al decidor espacio sonoro que contempla la desgarrada composición de Bruno Billaudeu y la voz de Raúl Zurita con “Canto a mi Amor Desaparecido”, son los únicos elementos que tienen los bailarines para sumergirse en un recorrido por los dolores de un Chile fracturado por la dictadura militar, herido y plagado de ausentes.
Los movimientos parten de la técnica pero la superan largamente, exigiendo que el intérprete vaya más allá, más allá de la extensión de sus piernas y brazos, más allá en intención, más allá en emoción. Bailarinas y bailarines se lanzan uno en brazos del otro en carreras frenéticas, azotan su cuerpo en el suelo, cuelgan las chaquetas de su boca, exploran en la pasión y la furia. 
La coreografía se construye a partir de momentos de hombres y mujeres solos, combinados con el trabajo en parejas que a veces surgiere una relación amorosa y otras claramente una sesión de tortura.
“Los Ruegos” 2014  es un remezón profundo, que nos remite a nuestra historia como país y al quehacer de la danza.  No importa que tal vez el elenco no baile al unísono en ciertos momentos, y tampoco que el cuerpo de algunos ya no sea el de bailarín. La obra es un canto a las potencialidades de la danza y del cuerpo como vehículos de emociones y pulsiones humanas, ubicado en un lugar opuesto a la llamada no danza que traslada la problemática al instalarse de un cuerpo en el escenario.
“Los Ruegos” es un testimonio y un puente generacional de vida y creación, valioso más allá de cualquier discusión teórica. Es danza que impacta tanto como en el momento de su estreno, que se conecta con la sangre de los que observan, que habla a la razón y a las vísceras.
Ojalá se venga otra temporada, porque el nuevo público y los nuevos creadores de la danza deberían verla para entender, de mejor manera, quienes somos y por qué estamos donde estamos.