La Gesta Actoral de "La Iliada"

La Iliada es un poema atribuido a Homero, que narra los últimos 53 días de la guerra de Troya, cuando los aqueos llevaban ya 9 años acosando la ciudad. El conflicto fue desatado por Paris, quien osó raptar a la bella Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta.
Se trata de una historia de guerra, de dioses que se meten impunemente con los destinos humanos, y de hombres capaces de dejar por casi una década su tierra por una causa bélica. La Iliada se inicia con la furia de Aquiles porque Agamenón se ha empeñado en quedarse con su esclava favorita, Briseida. Automarginado de la batalla, el héroe se queda acampando con sus hombres cerca de

las naves. La puesta en escena del director griego Stathis Livathinos recorre los 24 cantos escritos por Homero en 3 horas y cuarenta minutos, que seducen al público  por su intensidad y fuerza. Quince actores encarnan a todos los personajes - varios interpretan a dos o hasta tres-, humanos y deidades, en un espacio que podría ser una oscura fábrica. Un montón de neumáticos apilados, unas mesas de metal y un charco de agua, sumadas a una escalera de caracol por donde descienden los dioses del Olimpo, sirven como espacio escénico para la acción.
En un costado, el percusionista  Manousos Klapakis  complementa la música grabada, de raíces rockeras, con toques en vivo que agregan la grandiosidad necesaria a la gesta.
Los personajes en escena se parecen, son soldados cansados, vestidos de verde y café, barbudos y sucios de guerra. Los dioses tampoco son tan divinos en la versión de Livathinos. No visten grandes galas y su mayor diversión parece ser entrometerse en las cuestiones humanas.
Con sencillas y atractivas soluciones teatrales la puesta en escena sortea escollos como los combates (¿cómo se muere en escena?) y la evocación de paisajes tan líricos como una flota de barcos a la distancia. Como ejemplo, los barcos de papel que lucen los actores en la mano cuando se refieren a las naves aqueas,  la pelea de Paris con Menelao coreografiada como tango, y los innumerables sentidos que pueden adquirir unos abrigos largos: faldas, armas de guerra, chaquetas de uno y otro bando.
Paris es mostrado como un hombre narciso y egoísta, inconsciente de daño hecho a su patria; Agamenón aparece como un agobiado líder, y Héctor como el responsable de cuidar a toda una ciudad. Los intérpretes, once actores y cuatro actrices, son capaces de interpretar más de un personaje con la misma convicción y fuerza, uniendo fisicalidad, voz y textualidad, el estilo impreso por Livathinos. El trabajo coral del elenco es descollante, ya que logran que las individualidades se sumerjan y surja solo el soldado anónimo, ése que es uno más entre muchos.
Intensidad es la palabra clave de esta puesta. No hay puntos muertos en las transiciones ni pausas entre escena y escena. La obra corre como una batalla, sin tregua para el espectador que, poco a poco, se adentra en la trama.
El texto, traducido del griego clásico al moderno por  D.N Maronitis, y al español por Alberto Conejero, respeta el estilo narrativo original de La Iliada. Así, los personajes tanto cuentan lo que sucede, distanciándose, como lo actúan.
Una Iliada contemporánea y actual, que emociona y remece aún al que no conozca, o no recuerde, el libro. Al parecer, las peleas entre dioses y humanos de Homero no son cosas de la antigüedad. Y la fatalidad sigue siendo signo de los tiempos.

 

 

Coordenadas
CA660 (Rosario Norte 660)
Lunes 5 y Martes 6, 20 horas