La Irreverente Ironía de "Inútiles"

“Inútiles” es una obra que remueve al espectador, ya que hurga en los orígenes del racismo y el clasismo chilenos con brillante ironía y enorme desparpajo. Su autor y director, Ernesto Orellana (“Los Justos”), sitúa la acción en una cena de acción de gracias ocurrida a fines del siglo XVIII, en una casa patronal del sur de Chile, en un lugar llamado La Frontera. La Doña (Tito Bustamante) y El Hacendado (Nicolás Pavez)son los anfitriones de El Obispo (Guilherme Sepúlveda), en una estancia velada con un mosquitero gigante, servida por un esclavo negro.
El trío conversa sobre sus asuntos, revelando cómo opera el poder

desde esos tiempos remotos y cómo la hipocresía es un arma cotidiana. La Doña financia el convento del lugar, por lo que puede exigir dispensas y otros beneficios al obispo, que es un ser ansioso de dinero y de mujeres. Los temas transitan desde las monjas del convento, hasta la necesidad de independizarse del rey de España, deseo proclamado por el Hacendado hijo de La Doña, llegando a temas actuales y a frases dichas por Pinochet, Jaime Guzmán y hasta Salvador Allende.
Los personajes se sitúan en el siglo XVIII para hacer una aguda crítica a nuestra sociedad actual y su corrupción, la repartija del poder y el clasismo y racismo imperantes. “Es mejor un negro que un araucano”, dice el hijo de la dueña de casa, “duran más y piensan menos”. Por supuesto los temas mapuches actuales asoman en la charla, sobre todo cuando la servidumbre desaparece y se escuchan sus gritos de protesta en el bosque. El deseo cruza la propuesta: deseo de poder, de venganza, de dinero, de cuerpos ajenos, de santidad, en fin. De todo lo que puede desearse y, de acuerdo a la moral de los protagonistas, comprarse.
Mientras todo esto sucede, detrás, en un espacio parecido a un altar, una joven que resulta ser la hija bastarde del fallecido esposo de La Doña hace extraños ruidos y predicciones en mapudungún (traducidas, obviamente).
La ambientación es muy lograda gracias al diseño integral de Jorge Zambrano y el vestuario de Muriel Parra, quienes consiguen un espacio vetusto y empolvado en este mundo.
Tito Bustamante descolla como la patrona de la casa. Ataviado con una enorme falda, corsé, peluca y pestañas postizas, sin cambiar su gruesa voz, marca pauta en escena, muy bien acompañado de Nicolás Pavez y Guilherme Sepúlveda. Su travestismo es decidor en relación a la hipocresía del cuerpo social chileno, que se trasviste de grandezas y finuras que le son otorgadas por la naturaleza.
La única flaqueza es el giro que toma la obra en el su último tercio, donde la dramaturgia se abre y enreda, acogiendo una enorme cantidad de ideas y conceptos que empantanan la puesta en vez de darle un desarrollo satisfactorio. La presencia de un repartidor en moto, que hace ingresar de golpe el siglo XXI en el escenario, tampoco se justifica ya que suma un signo más a la gran cantidad que se maneja sobre el escenario. Sin embargo, este debilitamiento de la dramaturgia no le resta méritos a la obra, que con insolencia trata de investigar por qué somos como somos.

 

 

 

 
Coordenadas
Teatro Sidarte
Hasta el 19 de junio
Viernes a domingo 20:30 horas
Entradas $3000 y $6000