"Dragón" o las contradicciones de Arte

La inmigración, el poder, la ¿inutilidad? del arte y la paradoja dentro de la creación, son algunos de los temas que toca el dramaturgo Guillermo Calderón en “Dragón”, nueva entrega luego de “Mateluna” (estrenada en Chile en 2017), su obra más militante y controvertida. Y si en esa obra la idea era generar la revisión de la condena de Jorge Mateluna -ex frentista que asesoró a Calderón y compañía en “Escuela” – en “Dragón” pone en tensión la pertinencia del arte para asumir causas sociales o políticas desde la cómoda posición del artista burgués. Ese que presenta su obra en bienales o encuentros

internacionales, donde es recibido con aplausos y reconocimiento.
Con su escéptico y agudo humor de siempre, Calderón muestra lo que sucede al interior del grupo Dragón, dedicado a la performance, cuando intentan retornar a las pistas después de perder una de sus integrantes. Los dos restantes, un hombre y una mujer (Luis Cerda y Camila González, respectivamente) se reúnen en una emblemática fuente de soda de Plaza Italia -el Prossit- para planificar su regreso. El desmedrado colectivo pretende hacer una perfomance basada en el asesinato del dirigente político guyanés Walter Rodney, para volver en gloria y majestad a la Bienal de Sao Paulo.
Una mujer a la que llaman como asistente (Francisca Lewin) es el elemento desestabilizador, que lleva a los creadores a pensar y repensar cuál es el poder real del arte y qué derecho tienen ellos a representar a los vulnerables del mundo. ¿Hay que pintarse la piel negra para hablar de Rodney o de la inmigración haitiana? ¿Hay que ponerse, literalmente, en el lugar del otro? ¿Es posible para el arte ser la voz de causas como la inmigración desde la comodidad?
La forma que escoge Calderón para qué sus egocéntricos y snobs personajes reflexionen en torno a estos temas es la comedia negra, con situaciones que rozan en el absurdo. Aparece citado el dramaturgo, escritor y docente brasileño Agusto Boal y su concepto de Teatro Invisible, que propone sacar el teatro del escenario y llevarlo a la calle, donde sucede de forma anónima, confundiéndose con la realidad para mover la conciencia de los ciudadanos. En este tipo de teatro, que forma parte del Teatro del Oprimido, no hay aplausos ni egos encumbrados, ya que sospecha que lo que acaba de ver es representación. ¿Sería esa la mejor forma de hablar por los que no tienen voz? ¿Sin esperar reconocimiento ni fama ni dinero? Actores anónimos entregando un mensaje. Nada más.
La acción sucede en una fuente de soda recreada con muchas mesas y sillas, donde la iluminación y la proyección de imágenes llevan la escena desde la asepsia del local comercial a la carga de significados. En el diseño integral está Rocío Hernández, quien carga la atmósfera con significados: desde la asepsia discursiva de la fuente de soda a la militancia de la foto de Rodney.
Luis Cerda, Camila González y Francisca Lewin asumen muy bien sus complejos personajes, cuyas buenas y comprometidas intenciones políticas chocan con sus ambiciones humanas: fama, comodidad, reconocimiento.
Cerda, Lewin y González construyen seres complejos y contradictorios, dejando fisuras para que el público complete. Asumen con propiedad la acidez de las situaciones y también su absurdo.
Hay que decir que “Dragón” no es teatro para aquellos y aquellas que buscan “entender” todo y “entretenerse”. Y esto no quiere decir que no se entienda y menos que no se siga con atención, sino que la audiencia debe estar dispuesta a ponerse en jaque a sí misma también, revisando su discurso, tal como lo hace Calderón. Un dramaturgo que revisa su lugar de privilegio en el concierto de la creación nacional e internacional, y que sabe ponerse en crisis como creador.

 

Fotografías Eugenia Paz

Coordenadas
Teatro UC
Hasta el 29 de junio
Miércoles a sábado / 20 h
10.000 general
$6.000 adulto Mayor (presentar cédula de identidad en la entrada del teatro)
$5.000 miércoles populares (excepto programación de enero, festivales, arriendos, obras internacionales y conciertos