Martín Erazo: “Nuestro lenguaje no es hermético”

Martin ErazoEl director de la compañía teatral La Patogallina llega a Matucana a 100 con “Extranjero, el último hain”, montaje que relata la historia de un joven indígena que es raptado y expuesto en un zoológico humano, en la Francia del siglo XVIII. La obra, que mezcla teatro ísico, música en vivo y un vestuario muy original, estará en cartelera hasta el 27 de noviembre.

 

Un niño de la tribu Selk’nam fue secuestrado en pleno proceso de “Hain”(ritual para pasar a la vida adulta), junto a otros indígenas. ¿Sus destinos? Ser llevados en contra de su voluntad a un zoológico humano, en la “Exposición Universal de París”, en 1889. La historia del terrible viaje que realizó el niño hacia Europa, estará hasta finales de noviembre en la sala principal de Matucana 100.

La nueva apuesta de La Patogallina viene cargada de emociones y experiencias de las víctimas de este viaje, quienes sufrieron toda la crueldad a que puede llegar el ser humano con tal de saciar su sed de fama y fortuna.

La visión que entrega la compañía no se interioriza en todas las tradiciones y costumbres de los Selk’nam, tribu proveniente de Tierra del Fuego, sino que el texto creado por Patricio Pimienta cumple con retratar el lado más mágico y hermoso de una civilización ya extinta.

Para conocer más el proceso investigativo y creativo, el director de la compañía Martín Erazo, relató a Santi.cl esta experiencia.

 

-Martín ¿Cómo llego ésta historia a tus manos?

-Me encontré con una foto de unos Selk’nam junto a Maurice Maitre, quien cazaba indígenas para después llevarlos y exponerlos en  los zoológicos de Europa. Esa foto me llevo a un libro que se llamaba “Zoológicos humanos”. Este texto documentaba la historia de los pueblos indígenas chilenos que habían sido llevados a estos zoológicos, Selk’nam, Kawescar y Mapuches.  Comencé a investigar y luego le propuse a la compañía trabajar este tema. La historia cuenta el rapto de un niño indígena que es llevado al viejo continente, donde finalmente muere, la obra cuenta todas las desgracias que el niño pasó durante este periplo. Eso está asociado a los niños cuando realizan su ritual de iniciación hacia la vida adulta, que es el “Hain”. El montaje parte cuando el niño (Verónica González) comienza su hain, pero es interrumpido de manera que todo el viaje que realiza a Europa es un hain trastocado, que lo hace crecer y enfrentarse a otras realidades, por eso se llama  “el último hain”. Lo que también pasó es que en algún momento se hizo el último hain y los Selk’nam desaparecieron, los mataron a todos, se perdió la cultura y se acabó, por eso la obra busca marcar ese hito, el último movimiento de los Selk’nam como cultura.

 

-Como director ¿Cómo potenciaste la historia?

- Hacer una historia muy triste y dramática sin estar, necesariamente, buscando un drama en cada escena. Sin buscar lo melodramático, sin buscar que los actores lloren por ejemplo, siendo que la historia es triste. Hay mucha objetividad buscando una crudeza, y que sea el público, a través de la historia que está viendo, el que se emocione. Creo que la obra no quedó llorona, en ese tono y ése es un desafío grande.

 

- Claro, siendo que todo el relato es muy penoso.

- Sí es muy triste. Lo otro es que yo siempre me imaginaba (la obra) como un cuento de niños. Esos cuentos que tú lees y la historia es terrible, y que cuando creces y los vuelves a leer te das cuenta que de verdad son relatos muy terribles, que al niño se lo comió la bruja, que al hermano sus padres lo abandonan. Son historias desastrosas, pero como están contadas de cierta forma, uno se emboba por la magia y “Extranjero, el último hain”, tiene eso, ya que la obra tiene mucho trabajo a nivel estético. Trabaja con máscaras, no es una obra realista, es un cuento, pero tiene esta historia que es fuerte.

 

-En el proceso investigativo ¿Qué situaciones o relatos te llamaron más la atención ¿Dejaste algo afuera?

- Dejamos afuera todo el mundo Selk’nam como cultura. Nos quedamos solamente con el haim y las personas capturadas, no nos metimos en cómo vivían los selk’nam, cómo eran los nómades, todo eso lo sacamos de la obra, porque el montaje se trataba del viaje desde que son capturados.  Hay un pequeño antecedente del hain cuando comienza la obra. Lo que llamaba más la atención era cómo el ser humano era capaz de no reconocer a otro ser humano por ser indígena. Por ser de otra raza.

 

-En ese sentido ¿Crees que en Chile hay muchos “Extranjeros?

- Sí, obvio. Hay muchos “extranjeros” a nivel de raza, clase social, porque en el fondo “extranjero” es no reconocer en el otro un ser humano igual que uno. Eso, para mí, es el tema de la obra.

 

-La Patogallina lleva 15 años como compañía, y esta pieza es la primera vez que utilizan máscaras. ¿Qué los motivo a usar este recurso?

- Buscar un elemento expresivo que nos sacara de lo realista, y que nos diera un paso más allá de lo que podría ser maquillaje. Las máscaras no son realistas. Tú vez la máscara, ves el elástico. La máscara funciona como un elemento expresivo, no realista, y eso te implica una cierta calidad del movimiento. Te implica una postura física y la idea vitaliza aún más ese proyecto o idea.

 

-Siempre han realizado teatro físico ¿Enfatizaron otros aspectos para destacar aún más el montaje?

- Sí, el uso de las mascaras fue uno. Se potenció y se complementó con texto, con un trabajo de diálogos, aunque si tú ves la obra, los diálogos están súper relacionados con el movimiento y no están tratados de una manera tan realista. El proyecto nuestro es siempre experimentar. Nuestro lenguaje no es hermético. Debe ser capaz de cobijar otros elementos, como otras veces han sido los muñecos, las sombras chinas, ahora es el texto. También hemos usado la música en vivo.

 

-Sobre eso,  la banda sonora de la obra utiliza instrumentos indígenas.

-Claro, se utilizan bastantes instrumentos indígenas. Por primera vez dejamos de lado la batería como formación de banda de rock: bajo, batería, guitarra y teclado. La música se abrió a otro sonido y es por la obra.

 

-En una entrevista que diste a La Tercera, señalaste que no hay obras que relaten el mundo indígena. ¿Crees que hace falta tomar y exponer esas temáticas en el teatro?

-Hay tanta riqueza en esas culturas, que creo que sí. Pienso que se debería porque allí hay una tradición que nosotros tenemos cortada. Hay una tradición en esas culturas que al teatro y a la danza las nutriría enormemente, ya que hay un conocimiento tan grande en esas culturas, que no se sabe, obvio (risas). Creo que allí hay un gran potencial, aparte de una cosa de identidad, hay una cosa formal, de técnica, de formas de baile, de actuación, de conceptos teatrales. Aparte de lo que puede ser el contenido de contar cómo ve el mundo tal o cual grupo humano. Por ejemplo decir ¿Por qué en Chile existieron estas culturas y no otras? ¿Por qué en el sur hay nómades?, etc. Así comienzas a entender más la realidad del país, por algo el norte es como es, porque está mezclado con la cultura Aymara, etc.

 

-En enero pasado viajaste al sur del país para investigar y buscar material para este montaje. En ese periplo ¿Qué fue lo que más te impacto, más allá de la existencia de documentación de raptos indígenas para llevarlos a los  “Zoologicos humanos” ?

-Me impactó la existencia de esos zoológicos y que la cultura Selk’nam estuviera en el fin del mundo. Tuve la suerte de ir dos veces a Punta Arenas y es realmente un lugar alucinante donde estaban ellos, el cielo era increíble, la cultura que  crearon y hacer una ceremonia tan grande, como el hain, todo es totalmente teatral. Y también que hayan vivido con tal inclemencia del clima y que hayan generado esta cultura, hacen que la historia sea muy potente.

 

-Hace un tiempo La Patogallina viajó a la India, en el marco de un Fondart Bicentenario, para mostrar “El Húsar de la muerte”. ¿Cómo fue la experiencia de relatar una historia muy chilena, en un país tan alejado?

-Lo que pasa es que es súper chilena porque tiene un contenido local, pero las historias de los guerrilleros han existido en todos lados y la historia de los dictadores y fuerzas de otra opinión existen en todas partes. La idea del pueblo que se levanta alrededor de Manuel Rodríguez, los obreros o campesinos, se repite en muchas partes. Sobre todo en la India que se quedó súper marcada con la historia de Latinoamérica de los años 70´, y reconocen a todos, a Allende, al Che Guevara, etc. Entonces en ese sentido, quizás no fue tan nuevo para ellos, lo que sí les impacto fue la música, la forma. La cosa musical.  Ellos lo viven de otra manera, mucho más tribal, con tambores, etc. La experiencia fue muy catártica, y la obra la disfrutaron a mil. Recuerdo que cuando terminó la obra, la gente se tiró encima a abrazarnos, era mucha gente. Eso también fue muy catártico y te das cuenta de que lo que uno hace es contar experiencias que se ubican en Chile, pero al final son cosas universales.  Lo que está detrás de esa historia cuando es vista por chilenos es más fuerte, porque tú sabes que fue verdad, pero para otra gente que la ve es como una novela, y si está bien contada la podrás relatar aquí y donde sea. Si la experiencia está mal contada, estás jodido. Por ende, el trabajo que uno trata de hacer es contar bien la historia para que eso se sostenga en cualquier parte del mundo.

-Los trabajos de la compañía siempre se han destacado por tener un discurso social amplio. En ese sentido ¿Qué opinión sostienes frente a este proceso histórico que se ha instalado en la agenda política y socio cultural en Chile?

- En realidad estoy súper contento con todo lo que está pasando. De alguna manera, yo estaba esperando que pasara esto hace mucho tiempo y pensé que nunca sucedería. Pensé que no me iba a tocar vivir algo así. Ver hablar a cabros tan jóvenes, chicos de 14 o 15 años, con una lucidez tal, te das cuenta que éste país siempre ha sido especial. Digamos “especial” para uno y para otro lado. Y eso ha sido desde que Chile se fundó, el tener a Manuel Rodríguez-Bernardo O’ Higgins. Salvador Allende- Pinochet. Ha habido un montón de dualidades y siempre ha existido un movimiento amplio de gente, que en los años 70´ tuvo una ebullición enorme, y creo que uno podría llegar a pensar que ese ADN se había cortado, pero estuvo sólo en stand-by, lo que es increíble. A mí eso me transformó, porque ya me había convencido de que este país es una mierda, y que nadie le importaba a nadie, porque lo que está detrás de todo esto es una cuestión de solidaridad, de preocupación por los demás ¿Entiendes?. Y otra cosa que me alucina de los cabros es que lo que se logre no les va a tocar a ellos y eso es lo más enorme de todo esto, porque no es la búsqueda de un objetivo personal, que es lo que nos enseñó y promulgó el capitalismo. Entonces, que ese rechazo llegue de una manera tan instintiva y radical, es increíble.

 

-¿Hay nuevos proyectos para Martín Erazo y La Patogallina?

- Por ahora no. Estamos recién empezando esta obra y tenemos todavía un tiempo para arreglar ciertas cosas. Nosotros trabajamos así. Generalmente la obra la tenemos dos a tres años.

 

Coordenadas

Temporada hasta el 27 de noviembre.

Teatro principal Matucana 100. Metro Quinta Normal

Jueves a sábado 20:30 hrs. Domingo 20:00

Gral $4.000 Est y 3 edad $3.000. Jueves populares $2.000