Frida, montaje del Ballet de Santiago bajo la dirección coreográfica de Annabelle López Ochoa, es una obra que narra la vida y obra de la icónica artista a través de un recorrido coreográfico intenso y simbólico. Esta propuesta en danza presenta una historia contada de forma clara y cercana, combinando una narrativa cronológica con imágenes poéticas y potentes símbolos, apoyados en una música que fusiona elementos doctos con la riqueza de la música popular mexicana.
El espectáculo presenta un cuerpo de bailarines y bailarinas que se adentran en el universo emocional y físico de la protagonista, desde su infancia hasta la adultez, reflejando la complejidad de su experiencia a través de un trabajo corporal que alterna momentos de delicadeza y fuerza. La técnica sólida y la sensibilidad interpretativa son evidentes, especialmente en la pareja protagónica, que logra transmitir con intensidad la relación tormentosa y apasionada entre Frida y Diego. La elección de que la protagonista transite la obra en zapatillas de ensayo —abandonando las puntas tras un simbolismo asociado a su accidente— otorga una cercanía terrenal y una carga expresiva profunda.
El escenario, concebido como una caja negra, es intervenido con elementos simbólicos que aportan locaciones y metáforas visuales, como retablos, la imagen del ciervo y las múltiples Fridas que representan diferentes facetas de su identidad. La iluminación juega un papel crucial, utilizando colores que evocan la cultura y el imaginario mexicano, mientras que el vestuario se nutre del folclore nacional, con colores intensos, grandes faldas y trenzas que complementan y potencian el movimiento.
La música, con composición de Peter Salem, integra arreglos orquestales con piezas emblemáticas de la música popular mexicana, creando un paisaje sonoro que acompaña y enriquece la narrativa dancística. Momentos emblemáticos como el dúo al ritmo de “La Llorona”, en la voz de Chavela Vargas, aportan una carga emocional que enfatiza la historia de amor y desgarro.
En conjunto, Frida destaca por su solidez técnica, su riqueza simbólica y su capacidad para contar una historia compleja a través de la danza, la música y el teatro visual. El Ballet de Santiago se apropia con fuerza de esta propuesta que, además de mostrar la vida de una artista, invita a una reflexión sobre la identidad, el dolor y la pasión expresados con un lenguaje corporal potente y conmovedor.
