“La Distance”, escrita y dirigida por Tiago Rodrigues (director del Festival de Avignon) es una distopía íntima, un drama generacional con pinceladas de ciencia ficción sitiado en el año 2077. La Tierra ha sufrido varios colapsos, la contaminación hídrica está extendida y las megacorporaciones reclutan a individuos -menores de 30 años sin indicios genéticos de enfermedades crónicas- para enviarlos a fundar una nueva humanidad en Marte. Amina (Alison Deschamps) acepta el reto y abandona la Tierra, sin decírselo a su padre, Ali.
Él (Adama Diop), es médico en el hospital y recibe al público solo en un escenario giratorio dividido por dos troncos de árboles muertos que entrelazan junto a una roca (escenografía de Fernando Ribeiro). Ali, con traje marrón y corbata, habla de su hija, que se ha ido muy lejos, a Marte.
Al otro lado del tronco aparece Amina, vestida con un traje blanco de reminiscencias futuristas, La plataforma gira, para que los veamos a los dos.
Nos enteramos de que para comunicarse se permiten mensajes de voz grabados que solo pueden escucharse una sola vez. También de que ella puede arrepentirse y volver a la Tierra.
En sus comunicaciones, ella y él despliegan sus argumentos… y su amor. Mientras Ali intenta convencer a su hija de regresar a la Tierra, Amina tiene la esperanza de que en Marte todos los seres humanos sean iguales y por fin haya
justicia. Para eso, para eliminar diferencias de todo tipo, la exigencia es olvidar. Un “protocolo de olvido” hará desaparecer no solo el archivo de su vida, también el de la historia del mundo.
Se borrarán de un plumazo todas las subjetividades.
El intercambio padre hija pasa por diversas emociones y matices, pero se hace cada vez más claro que ella no regresará. La plataforma donde están parados, gira al ritmo de su diálogo y se hace cada vez más rápida cuando la intensidad aumenta.
Alí le habla de su vida juntos, recorre fotos de antaño y logra que ella se emocione y ría. También la hace escuchar “Sonhos”, de Caetano Veloso, canción que los une y que les habla de su madre, muerta hace muchos años.
El padre espera que las Repúblicas de la Tierra se alcen contra las Naciones Corporativas. La hija quiere liberarse de un pasado que solo puede ser una inspiración destructiva. Él está firmemente convencido de que olvidar el pasado es estar condenado a repetirlo.
Las motivaciones de ambos personajes son comprensibles, al igual que sus dudas y esperanzas. El miedo de un padre sobreprotector hacia su hija y la huida de esta; la esperanza de salvar el mundo frente a la ilusión de fundar uno nuevo. De fondo, la amenaza de una oligarquía que cuenta con el borrado de nuestra memoria para construir una sociedad de superhombres igualitarios, un “mundo feliz” .
La actuación de Adama Diop es contenida y potente, su voz transmite muy bien el horror de ese padre que sabe que su hija lo olvidará pronto. La joven actriz Alison Deschamps completa la dupla con sensibilidad y variados registros: es la hija cansada de padre sobreprotector, la hija que lo ama y también la mujer casi robótica que ha olvidado todo.
A propósito de a distancia que Amina pone con su padre (antes de Marte vivía en una ciudad distinta a la de él), una encuesta reciente arrojó que cada cuatro personas en EE.UU., una afirmó estar alejada de al menos un familiar.
Resultados similares aparecieron en otra encuesta hecha en Reino Unido, que sugiere que este fenómeno afecta a una de cada cinco familias en el país.
Mientras tanto, académicos de Australia y Canadá señalaron que han visto una “epidemia silenciosa” de rupturas familiares de este tipo en los últimos años.
“La distance” habla, finalmente, de lazos filiales, de lazos amorosos. De la manera en que el amor a veces asfixia. Todos y todas tenemos un padre, por lo que sabemos lo que significa esa palabra.
Y, como tan bien lo muestra Tiago Rodrigues, el gran tema de cómo asumir a los padres y cómo amarlos pese a ser de generaciones a veces antagónicas no desparecerá en el futuro, a no ser que asumamos plenamente quienes somo o, simplemente, olvidemos.
“La distance” logra, gracias al texto de Tiaho Rodrigues y las actuaciones de Adama Diop y Alison Deschmaps, dar una visión descarnada al corazón de las relaciones padres-hijos. El dolor de amar es tan fuerte como el gozo de hacerlo, y no cambiará en sistemas políticos distintos o con la tierra en peligro, mientras seamos los mismos seres humanos de siempre. ¿No será el olvido el verdadero apocalipsis?
Última función hoy en Teatro Oriente
fotos Christophe Raynaud de Lage
