Teatro a Mil: “GONAWINDÚA” y el mensaje de los ancestros

“Gonawindúa, el corazón del mundo” sorprendió al público que asistió a las dos funciones que ofreció en CEINA, en el marco de Teatro a Mil. En escena, doce jóvenes pertenecientes al pueblo kogui (habitantes originarios de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia), de piel morena, cabello largo y negro, ataviados de blanco, cantan y bailan su cosmovisión. Su quehacer se mueve entre el ritual y el relato de su relación con el mundo.
No actúan, no representan. Su rostro siempre es hierático, en contraste con las visuales y la musicalización de Christian Castagno, productor musical ganador de tres premios Grammy, que amplifica sonidos y sensaciones.
La obra, dirigida por Nube Sandoval y Bernardo Rey, fundadores de Teatro Cenit, tiene sus antecedentes en la publicación del libro “Shikwakala. El Crujido de la Madre Tierra” (2018), compendio de relatos de 26 mamos sobre la Ley de Origen y la misión de cuidado de la naturaleza que tienen los cuatro pueblos ancestrales de la Sierra: Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo
El Mamo (líder espiritual) Aluntana Vacuna participó directamente en la creación de la pieza y en los textos, gracias al principio de yuluka (acuerdo), y aparece en el cuadro final de la obra liderando “La danza sagrada”.
La idea que cruza la iniciativa es transmitir la mirada del pueblo kogui sobre el cuidar y vivir en armonía con la naturaleza, a través de las herramientas del teatro a la manera en que lo concibe Cenit: como un puente.
Por eso, y para que el mensaje llegue mejor a los “hermanitos menores” (los no indígenas) hay impresionantes video-mapping a cargo de Luis David Cáceres, quien consigue poner la naturaleza en el escenario. Y, por supuesto, también el desastre que estamos haciendo con ella.
La obra se estructura en cuadros, presentados por una frase dicha en lengua Koguian, con subtítulos en español.
No hablamos de teatro ni de danza, sino de una escenificación que intenta mostrar cómo el pueblo kogui entiende la vida en “la casa de todos”, el planeta Tierra que todos compartimos.
Hay escenas donde hablan del agua, femenina y creadora, también del tejer, que para ellos es como escribir. En cada hebra se deposita sentido. Los koguis todo el tiempo están tejiendo: la familia, la comunidad, los afectos. Por eso, en la obra los y las vemos hilar y también tejer canastos.
No todos los textos en lengua Koguian están subtitulados. El ritmo de la lengua originaria envuelve al público llevándolo a una dimensión diferente, tal como sucede con el mapuzungún en las obras de la directora chilena Paula González.
La experiencia de ““Gonawindúa, el corazón del mundo” es difícil de analizar con las herramientas de una crítica, ya que se trata de una experiencia inédita que se instala desde un lugar diferente a lo que estamos acostumbrados.
Hay tensiones entre la espectacularización y el contenido ritual, por supuesto, pero también hay un diálogo entre lo originario y las estrategias de escenificación contemporánea.
Lo que importa es la revisión del origen, de lo que éramos antes de la colonización. Morenos, sudamericanos, apegados a la tierra, cuidadores de los recursos naturales.
Desde ese espacio, “Gonawindúa, el corazón del mundo” convoca e invoca.

fotos Juan Diego Castillo y Michel Cavalca