Estrenada el 8 de enero en el Teatro Universidad de Chile, “In C” es la obra emblemática de la coreógrafa alemana Sasha Waltz, interpretada íntegramente por el elenco estable del Ballet Nacional Chileno (BANCH). Montada por los asistentes coreográficos Francisco Martínez y Sebastian Abarbanell, y con una duración de aproximadamente una hora, esta pieza se presenta como un experimento radical de democracia corporal. Lejos de ser un simple espectáculo, es un proceso vivo de composición en tiempo real donde trece intérpretes, sin jerarquías ni roles fijos, negocian el movimiento en un acto continuo de escucha y decisión colectiva.
La obra nace en la penumbra de una caja negra desnuda. Bajo una luz roja intensa que envuelve el espacio como un útero cálido, los trece bailarines emergen caminando. Ataviados por la diseñadora de vestuario Javiera Labbé en una paleta de colores puros y unitarios —cada uno distinto, como una identidad afirmada—, la diversidad de sus cuerpos se erige desde el inicio como el verdadero paisaje escénico. No hay escenografía; la arquitectura la construyen los torsos, las piernas, los brazos en el aire.
Entonces, irrumpe la partitura minimalista y pulsátil de Terry Riley: un tejido sonoro alegre, de campanillas y ritmos superpuestos que no cesará hasta el final. Sobre este torrente continuo, el BANCH despliega el vocabulario de 53 frases coreográficas creadas por Sasha Waltz. Aquí no hay improvisación libre, sino libertad dentro de un marco: cada intérprete elige cuándo, cómo y cuántas veces ejecutar una frase. Lo que se genera es una coreografía por acumulación y contagio. Los cuerpos, en un estado de alerta gozosa, se observan, se imitan, se responden. El movimiento fluctúa entre el legato expansivo de saltos y diagonales que dibujan el espacio, y el staccato preciso de un ataque de pierna, una contracción súbita, un gesto cortante que actúa como un signo de puntuación en la frase grupal.
La iluminación de Nicolás Russi acompaña este organismo, pero la verdadera atmósfera la crea el cuerpo colectivo en esfuerzo. La democracia que propone In C es física, no abstracta. Se funda en la resistencia visible: en el sudor que brilla como un segundo vestuario bajo la luz, en la respiración que se hace audible. Esta fatiga no es un efecto colateral; es la prueba material del pacto colectivo. Los bailarines no solo deciden juntos; se agotan juntos, se sostienen en el límite compartido, y convierten ese desgaste en la energía común que los une. La técnica impecable no sirve aquí para ocultar el esfuerzo, sino para exponerlo con una elocuencia cruda y hermosa.
El clímax es un acto de expansión geográfica. En su máxima ebullición, el organismo coreográfico desborda el escenario: los bailarines bajan a los pasillos, se filtran entre el público, llevando la democracia del movimiento al espacio compartido. Es un gesto de inclusión radical, donde la cuarta pared se disuelve sin aspavientos, por pura necesidad de espacio vital. Luego, como un reflujo natural, algunos regresan. La luz roja inicial los reclama, la música se apaga en un fade out sutil, y el ciclo se cierra.
La comunicación emocional predominante es la alegría concentrada, la complicidad y un esfuerzo que se transfigura en goce. Las miradas cruzadas, las sonrisas espontáneas, hablan de una confianza absoluta. Este no es un elenco que ejecuta; es un colectivo que piensa, decide y crea en vivo.
En términos de originalidad, “In C” es un hito para el BANCH. No por su aniversario, sino por su presente: demuestra que una compañía de tradición técnica puede abrazar con maestría la incertidumbre y la horizontalidad. La obra no representa la democracia, la practica en cada fibra muscular, en cada decisión tomada en fracciones de segundo.
El resultado es una experiencia hipnótica y regenerativa. “In C” no habla de la identidad, la ejercita. Ante el espectador, se alza la pregunta silenciosa: ¿puede la danza ser un modelo efímero de convivencia? ¿Un jardín de esculturas vivas donde cada cuerpo, distinto y esencial, aprende que su fuerza no está en aislarse, sino en fatigarse junto a otros, encontrando en el sudor compartido la savia de un organismo mayor?.
foto Jacqueline Uribe
