Teatro a Mil: la exaltación del cuerpo colectivo de “In C”

“In C”, de la coreógrafa alemana Sasha Waltz, nació durante la pandemia y se estrenó en sala en 2021. Desde entonces que gira por el mundo contagiando su esencia de organismo vivo que se mueve danzando. Lo que vemos en el escenario es una apuesta por el colectivo, por el enjambre, por el todo que necesita que los bailarines y bailarines se olfateen, se respiren y se conecten.
En el Festival Teatro a Mil, la pieza fue repuesta por Francisco Martínez -chileno, integrante de la compañía de Walz- y Sebastián Abarbanell -alemán y multifacético artista de la danza- quien además se sumó al elenco de Ballet Nacional Chileno. Las funciones se programaron del 8 al 10 de enero.
La creadora se inspiró en el músico Terry Riley, que en 1964 estrenó “In C” (en do) título clave para la música contemporánea. En esta obra los músicos repiten libremente las 53 frases breves que la componen, a su propio ritmo pero en orden, sin necesidad de director ni instrumentación fija, pero manteniendo un pulso constante en la nota do. Por eso cada interpretación es única.
Siguiendo el espíritu de Riley, Waltz compuso 53 frases coreográficas que los bailarines retardan, aceleran o repiten según les parezca adecuado, a través de lo que en danza se llama “improvisación estructurada”. La idea de fondo es priorizar la interacción mutua, ya que el sentido profundo de la pieza está en la conexión entre los intérpretes que construyen la composición a partir de sus decisiones conjuntas.
El lenguaje dancístico recoge movimientos que se mueven entre lo moderno y lo contemporáneo, con diagonales, giros fuera de ejes, saltos, con los cuerpos siempre en modo “escuchar al otro”.
Todo ocurre en el escenario como caja negra, que varía en intención y registro emocional de acuerdo a la iluminación, que viste de colores vibrantes en espacio. A veces muy iluminados los danzantes y otras en penumbras
La obra se abre con el rojo de fondo y los doce bailarines caminando vestidos de colores puros (verde, pastel, amarillo, rojo, calipso, rosa), de polera y short algunos, y otros con pantalones largos .Se logra individualidad en el vestuario pese a seguir una línea única.
Iluminación y vestuario son prácticamente los mismos en todas las reposiciones. En Chile, Nicolás Russi estuvo a cargo de la luz, y Javiera Labbé de la indumentaria.
El elenco del BANCH aporta, además de su danza, su identidad latina. Cuerpos diversos que se instalan a dialogar entre sí y con los dos bailarines invitados de la compañía de Sasha (Abarbanell y Melissa Figueiredo). Esta no homogeneidad física aporta la otredad como posibilidad de creación, la particularidad como motivo de inspiración.
Durante una hora los intérpretes se adaptan, se acercan, se juntan o se distancian, aemando dúos, tríos, cuartetos. Hay sonrisas cuando se cruzan y deben improvisar. La estructura coreográfica de Waltz exalta la libertad, pero se trata de una libertad precisa, matemática.
El vocabulario de movimiento incluye muchos elementos técnicos, pero también hay espacio para el juego, como los saltos circulares con los brazos extendidos, además de movimientos rápidos y alegres que atraviesan el espacio. La estructura final es compleja, ya que se forma un tejido a a través del enlace de los momentos coreográficos.
Que sea una obra colectiva no significa que la individualidad se elimine. Hay espacio para lo personal, lo particular, la propia manera de asumir cada paso, desplazamioento o giro.
Hay que decir que durante la hora de obra el trabajo de precisión y el despliegue físico de los intérpretes es increíble. El sudor los y las empapa minuto a minuto, para terminar cansados pero notoriamete felices.
Tal vez, lo que no funcionó tan bien en la función del viernes 9 fue cuando los bailarines bajaron del escenario. Lo convencional del Teatro de la U de Chile hace que los deseos de romper la cuarta pared de esa manera sea poco funcional, ya que los estrecho pasillos solo permiten una fila india.
En todo caso, la alegría de los intérpretes era contagiosa.
“In C”, no es una obra que persiga un resultado. Al contrario, exalta el proceso, el estar en escena dándolo todo. También releva la importancia del cuerpo y el movimiento, así como también lo fundamental que es trabajar en equipo.
El colectivo, el cardumen, la manada…están detrás de “In C”.
El funcionar como un todo vivo que palpita, reconociendo que somos parte de algo.

fotografía Jacqueline Uribe