Entrevista a María Pedrique y Ramón Gutiérrez: Darshan teatro y “Octeto”

María Pedrique, cofundadora de la compañía Darshan Teatro, cuenta con una enorme sonrisa que intentó adquirir los derechos del musical “Octeto”, de Dave Malloy, desde que lo escuchó por primera vez en Spotify, en 2019. “Me dijeron que no. Y cada semestre les escribía, cada agosto y enero. Así, hasta el 2025”, dice.
“Al escucharlo me di cuenta de que es un musical a cappella sobre la adicción a las pantallas, y la contradicción entre lo análogo y lo digital. Además, cada personaje tiene una carta de tarot. Lo encontré muy entretenido. Entonces le escribí a los representantes de Malloy”, comenta.
En 2011, el autor remeció la escena internacional con la ópera electro pop “Broadway Natasha, Pierre & The Great Comet of 1812”, inspirada en una sección de la novela de Tolstói “La guerra y la paz”. Pedrique escuchó esa creación y comenzó a seguirlo en Spotify. Un año después, le llegó una notificación de que Dave Malloy había subido un nuevo disco, “Octeto”.
Recién en septiembre del año pasado, Darshan Teatro recibió la buena noticia de Estados Unidos. Los representantes de Malloy no solo le darían los derechos de la obra, sino que además los dejaron a cargo de la primera traducción al español. Los convenció el cada vez más abultado currículo de la compañía chilena, que entre sus estrenos cuenta “El violinista en el tejado”, “Cabaret”, “Casi normales”, y los varios musicales de vecinos que han montado para la Corporación Cultural de Lo Barnechea.
Con dirección general de Ramón Gutiérrez y traducción de él junto a María Pedrique, la versión nacional se estrenó el 8 de enero en la Corporación Cultural de Las Condes, donde estará en cartelera hasta el 1 de febrero. La dirección musical es de Valeria Peña y la dirección de actores de Phélix Williamson.
Ramón Gutiérrez, cofundador de la compañía, cuenta su acercamiento a la obra. “Honestamente, primero fue la insistencia de María para que lo escuchara. Yo había retomado de nuevo el tarot, llevo muchos años estudiándolo y me gusta mucho como referente de relatos en general. Entré a la obra por el referente del tarot y por la música, y el hecho de que estuviera a capella. Me pareció que era como volver a traer belleza. Después, cuando empecé a traducir dije esto es lo que quiero decir, con esto quiero conectarme desde la dirección. Lo que habla la obra está muy cerca, ahora mismo encontramos una noticia o comentamos, son problemas que de alguna manera hemos tenido todos o muchos. Empieza a ser un poco aterrador lo muy cerca que nos queda el gran tema, el gran conflicto de la obra”, relata en tono pausado.
-¿Cómo se sienten abordando una obra más íntima, si la comparamos con “Cabaret” o ”El Violinista en el tejado”?
Ramón: Yo te diría que es más íntimo y eso nos gusta mucho, nos hace mucho sentido. Tiene que ver con nuestra estructura de investigación, tiene que ver con nuestra búsqueda, con nuestros talleres, con la forma en que hacemos las audiciones, que es tratando de formar -aunque sea en esta cosa efímera de lo que dura la función- una comunidad un ritual.
“Entonces -continúa- para mí, en el mejor sentido de la palabra, es muy cómodo volver a la sala pequeña de teatro. Creo que es bonito el glamour, la escala, la masa, lo épico que tiene el musical grandote, pero siento que esto amplifica con más precisión la sensibilidad de lo que nos mueve en el encuentro de la música con el teatro. Siento que este musical de alguna forma expresa mucho más claramente nuestra investigación y nuestro punto de vista de los musicales”.
-En cuanto a los temas ¿han tenido que adecuar algo a nuestra realidad o no es necesario?
María: Para “Octeto” fue muy importante el carácter testimonial del texto. Y como la escala era más chiquita, yo apliqué todas mis herramientas de abogada para justificarle porqué era importante algo tan simple como cambiar los nombres. Que fueran nombres latinos, para que no haya ese efecto distanciador. Y entender que era un texto testimonial y muy naturalista y eso nos lo dejaron hacer en la traducción. La traducción está adaptada a nuestro naturalismo contemporáneo de Santiago de Chile, hoy en día. Y eso ha sido muy entretenido, porque los intérpretes también van jugando con el texto. Espero que ahí se va a lograr eso que quiere Ramón, que es esa identificación con los temas. Lo importante es que el musical sea un medio para transmitir el discurso de que nos estamos volviendo adictos a las pantallas y nos estamos desconectando entre nosotros. Los adolescentes no están hablando con sus padres. Los padres no tienen idea de lo que está pasando en las redes sociales de los niños. Al menos yo, que soy migrante, tengo toda mi familia en esta pantalla (mira su celular).
-La salud se resiente
María: Bueno, anoche tuve pesadillas con lo mismo, porque me quedé viendo noticias. Son cosas que uno sabe que hacen mal, pero uno está ahí. De hecho, el texto lo dice muchas veces, como nuestros cerebros se están recalibrando, como nuestra neuroquímica se está adaptando a estos niveles de dopamina. Tú ves que los niños a los que les dan iPad desde muy pequeños después no toleran la frustración, y todo eso tiene que ver con el uso de las pantallas, según estudios. Todo esto es muy preliminar porque somos la primera generación que tiene estos dispositivos. Pero creo que esa es la reflexión a la cual invitamos, porque la obra tampoco hace un juicio duro.
-Hablemos un poco del elenco. ¿Cómo lo eligieron?
Ramón: Con Félix Williamson, director de actores, somos un equipo y los tres, con María y yo, estamos pensando siempre en gente y esta vez no nos surgían los nombres con tanta nitidez. Teníamos que probar muchas cosas y una ellas, muy difícil, es que no bastaba que una persona cantara muy bien, además tenía que resistir cantar con los otros. Es complicado, tienen que ser ocho voces que constituyan una identidad y que actoralmente nos pareciera que podían sostenerlo.
-¿Hay un registro vocal diferente en cada actor o actriz?
Ramón: Sí. María está en la punta superior de los agudos, es la soprano uno, y tenemos a un bajo, que en Chile hay muy poquitos. Hay un barítono que llega muy grave, y desuésl está el bajo. La obra tiene una tesitura muy amplia y eso también era complejo, porque vuelve súper específico y desafiante lo que hace cada uno.
-¿Audicionaron o probaron los nombres que ustedes tenían en mente?
Ramón: Fue una audición super dirigida, no un llamado grande como para publicitar la obra. Hay muchas personas con las que queríamos trabajar pero no nos parecía que en esta oportunidad encajaran, entonces hicimos un llamado a unas 25 personas, y de ahí salieron las 6 que necesitábamos para completar el elenco, donde ya estaban María Pedrique y Elvira López.
María: Fue una decisión poner como prioridad el colectivo y la música, lo que hasta el día de hoy nos afecta un poco. No hay rostros, y disculpas por hablar en estos términos. Estuvimos dispuestos a hacer un musical sin rostros. Si ves el elenco, hay gente con mucha experiencia en ensambles musicales.
-Lo mediático puede jugar en contra también.
María: De todas maneras, creo que es uno de los grandes desafíos que tenemos con este montaje. Fue una decisión consciente privilegiar que suene y que el producto (perdón por hablar como productora) sea redondito y muy solvente. Tenemos el privilegio de tener una temporada larga y esperamos que hable por sí solo todo el trabajo que hemos hecho. Estoy muy agradecida, todo ha fluido y eso es maravilloso al tratarse de una obra no conocida, con un elenco no conocido, con una obra con mucho prestigio artístico, pero un prestigio que nadie conoce en Chile. El proceso de casting fue distinto justamente porque fue tan dirigido, nosotros veníamos de asistir en el casting de “La Ola” y teníamos una gama súper amplia en nuestras retinas de quiénes eran los actores de teatro musical en Chile.
Deseos de compartir
La conversación transcurre frente a una taza de café en la Corporación Cultural de Providencia. Son las 10 de la mañana y, desde una hora antes, parte del equipo trabaja en el escenario donde se presentarán.
María Pedrique, abogada además de cantante y actriz, cuenta que “este es un proyecto autogestionado, el capital lo tuvimos que levantar nosotros. Entonces, a diferencia de los otros proyectos que tenían antecedentes mucho más grandes, esta producción es más bien de teatro que de musicales. Después de Cabaret, que fue algo tan expansivo, como que naturalmente uno creativamente se contrae. Ramón quería hacer una obra sin pantalla led, por ejemplo.
(Risas de María y sonrisas de Ramón).
-¿Cómo ha sido el proceso?
Ramón: Esa es una pregunta súper interesante para este título, porque fue la pregunta que tuvimos al comienzo. No tuvimos muchas horas de ensayos por una cosa de salas, por la disponibilidad de los chicos también, por las condiciones del proyecto. Cuando uno ensaya una obra muy a pulso, esas son las condiciones, entonces, la disponibilidad, la disposición, la humildad de ellos ha sido clave. Otras veces hemos ensayado dos meses todos los días, de lunes a viernes, ahora ensayamos poquitos días en la semana, pero durante más meses. Esa fue la estrategia que la música pedía, sobre todo porque había mucho que madurar. Escucho el primer ensayo en agosto y lo que suena ahora, independiente de que en agosto ya se lo supieran y estuviera dirigido, no tiene la sensación de escucharse como un grupito cohesionado, no podría haberse logrado en menos tiempo. Requería ese periodo de conocerse, de madurar juntos, de ir decantando. Acá no hay ni instrumentos ni director, entonces se tienen que mirar y saber que sus corazones están latiendo a tanto y entrar juntos en ese tempo, lo que se ha logrado gracias a ese periodo de conocerse cantando. También en el break, en la broma, en cuanto a lo humano y en cuanto a lo técnico artístico. Ha sido bellísimo el proceso, ha sido súper creativo.
“No hay protagonista -enfatiza Ramón- es un elenco de 8 personas con igualdad de relevancia, todas igualmente expuestas. Se trata del grupo, de la historia y de cada uno al mismo tiempo. Y eso es tal cual en el elenco. No llega la figurita, no llega la estrella son todos iguales”.
-Cuéntame María sobre los personajes, las tramas…
María: Estas ocho personas concurren a una terapia grupal, estilo alcohólicos anónimos, lo cual permite que la obra sea muy colectiva. Cada personaje tiene una adicción a la tecnología. Mi personaje fue funado y habla sobre las consecuencias psicológicas de una funa y cómo eso impacta en su autovaloración y en cómo se relaciona con el mundo. Tenemos una historia de una persona que es adicta a los videojuegos, después un personaje cuyo testimonio es que su esposo es adicto y no la escucha, no la ve. Entonces ella va a terapia. Después tenemos dos personajes, uno que es adicto a las apps de citas, como tinder, y otro adicto a foros de autosuperación. También hay un a uno que está adicto a foros de ciencia y otro que está metido en foros políticos, teorías conspirativas y esas cosas.
Ramón: Hay una chica…
María: Hay una chica que conoce a una amiga por internet, que está viviendo lo mismo que ella, que vive muy lejos y vibran juntas en lo que les pasa. .
-María, decías que no hay un juicio del autor. ¿cómo muestra a estos personajes y sus problemáticas?
María: Yo creo que ahí la música es muy genial para guiar eso, porque la obra tiene su propio ritmo. Hay personajes que sufren una especie de crisis en escena, porque el testimonio se les va un poco de las manos. Hay personajes que tienen las ideas un poco más maduradas, que permiten que sus canciones sean menos frenéticas, más digeribles. El juego entre esos contrastes impide el juicio, porque uno sale como ¡ah!, ¡qué divertido este número! Puedes salir con esa idea o puedes encontrarlo trágico también, porque también está ese discurso. Pero en general creo que la música te permite hacer ese viaje como entre bueno y malo, y dejarte a ti tomar la decisión al final de la obra.
-¿Y qué estilos de música hay?
María: Hay cosas que son más estilo madrigal o más clásicas de coro, hay cosas medias poperas, hay jazz, hay sonidos más country entre medio, también hacemos cluster. Entonces hablamos todos al mismo tiempo en un tono y suena como un efecto digital.
Ramón: Hay una música electrónica también.
María: Y todo es a capella. Jugamos muchos con el aparato vocal, investigación que ha sido muy alucinante. Entonces, todos estamos escuchándonos y diciendo ¡uy!, cómo hago esto, está sonando, suena así, no, está muy brillante, tienes que oscurecerlo más. Nos ayudamos mucho en construir todas estas distintas etapas sonoras de la obra, para refrescar siempre el oído del espectador. Porque igual es densa, es harta información sonora
¿Qué lugar ocupa el texto?
Ramón: Muy poquito.
María: Creo que ayuda a situar, entender rol de Elvira López, que es una especie de guía en este proceso, que le permite también invitar al público a participar de este viaje de introspección.
-¿Cuál es el sentimiento de ustedes en estos momentos?
Ramón: Que bonita la pregunta, es algo que no pienso tanto…Tengo la sensación de que quiero compartir la obra. Pero también me he hecho muchas preguntas por lo que dice María de que no hay un juicio. Pero hay un discurso muy claro. Yo creo que el autor, muestra muy claro el momento de la conciencia de cada uno de los personajes en su situación. Ahí aparece Brecht súper fuerte, y vemos como estos personajes están escogiendo esto, y no están escogiendo esto otro, y lo saben. Eso me parece súper urgente compartirlo, pero de una forma muy humilde también. Con la humildad me refiero a que tengo muchas ganas de decirle al público, mira, encontramos esta obra, esta es nuestra mirada, y ahí la ponemos al servicio de todos, para ver cuál es el siguiente paso y qué hacemos con esto de los musicales. Tengo muchas ganas de compartir todo esto, lo que hemos hecho, lo que me pasa como espectador ya de la obra, y lo que me movió a hacerla también.
-¿Y tú, María?
María: Mira, yo tengo varias aristas. Como intérprete estoy muy feliz de compartirla también. Como productora y gestora es una apuesta, no te lo puedo negar. Y, obviamente, al ser una apuesta está la posibilidad de perder, pero también está la posibilidad de ganar. Desde la producción me hago muchas preguntas sobre estas creencias limitantes, creo yo, sobre qué es un musical, cómo se produce un musical. Nosotros venimos a jugar este juego desde el lado creativo, no desde el lado de una productora. Y eso para mí es raro, porque tú le tratas de explicar a la gente qué hago yo. Y digo que hago la producción creativa, o sea, yo hago la línea de marketing, que sea un producto creativo, artístico, coherente. No me especializo en levantamiento de capital, lo he tenido que hacer. Pero no es algo que a mí me enorgullece, no es algo que me defina. Me defino primero como una artista. Me alucina el desafío y la apuesta desde la producción, desde la autogestión. Porque digo, si resulta algo así, ¿qué más puede resultar?
-O sea, es un punto de inflexión para Darshan.
María: De todas maneras. O sea, yo creo que sí o sí, esta obra es heredera de la investigación de “Casi Normales”, más que de “Cabaret” o “El violinista…”, porque “Casi Normales” también era una obra chica, por mucho que no fuera íntima. Creo que lo bello era la escala enorme de este drama tan íntimo. Esto se mantiene, pero ahora tiene que ver con la sanación, con la terapia, y creo que eso me motivó a compartirlo. ¿Es algo que la gente quiere enfrentar? Yo creo que sí.
-¿Cuál es la relación de ustedes con el tema de la obra?
Ramón: Yo creo que es la peor pregunta porque nos fuimos dando cuenta durante el proceso que era más de lo que pensábamos. Mucho más. A veces soy el que está despierto hasta el último momento viendo la noticia tóxica, viendo la información que no debería ver antes de dormir… siento que a mí me ha quitado mucho presente. Como que es muy paradójico con lo que pregonamos en el teatro. Para mí ha sido un gran subvencionador o solucionador de estar en presente. Porque, por trabajo o por lo recreativo, las redes que mezclan las dos cosas y que ya se vuelven una especie de adicción también. María descubrió que hay gente que ocupa teléfonos de ayuda, se llaman teléfonos de vidrio.
-Como tener un cigarrillo en la mano.
María: Necesitas pasar la mano por el celular y sentir su peso. En el caso de nosotros como de artistas freelance, es peor. Nuestras redes son nuestro perfil, por ellas nos comunicamos, a ellas nos llegan oportunidades, avisos de casting. Si no revisaste el Instagram y no viste que se publicó el casting para una película, perdiste pega. Esa sensación de precariedad laboral solamente fomenta que uno esté pegado todo el día al celular buscando, buscando, buscando, editando videos, porque tengo que ser creadora de contenido además de actriz. Yo no sabía lo grave que era para mí el tema de las pantallas hasta hacer esta obra. No sé cómo sanarlo, me encantaría.