En el contexto actual, marcado por el resurgimiento de discursos conservadores y autoritarios —tanto a nivel global como en Chile—, “El beso de Rock Hudson” irrumpe como un gesto escénico urgente. La obra no solo revisita la historia del VIH/SIDA, sino que la activa desde el presente, tensionando el olvido, el estigma y las narrativas hegemónicas que aún persisten.
El montaje, dirigido por Diego Agurto junto a Santiago Rodríguez, se articula desde una acción aparentemente simple pero profundamente política: el beso. Besar como acto de afecto, cuidado, deseo y reconocimiento. En tiempos donde el contacto se ha vuelto sospechoso y regulado, este gesto adquiere una potencia radical. La obra lo recupera como un lenguaje de resistencia frente a la desinformación, el miedo y la moral restrictiva.
A través de un dispositivo escénico transdisciplinar —que cruza teatro documental, performance, archivo, cultura pop y lenguaje televisivo—, el Colectivo La Comuna construye un relato fragmentado pero profundamente coherente. Testimonios, canciones, campañas televisivas y referencias culturales (de Pedro Lemebel a Pandora, de la televisión abierta a íconos como Freddie Mercury o el vocalista de Virus) configuran una memoria afectiva colectiva que dialoga con distintas generaciones.
El elenco —Lola Quezada, Zirena Piña, César Cisternas y Omar Morán — encarna múltiples voces y experiencias, desplazándose entre el humor, la ternura y la crudeza. No se trata de una obra sobre la tolerancia, sino sobre el respeto y la dignificación. En ese sentido, resulta especialmente significativo el lugar que se da a las mujeres lesbianas que cuidaron a sus amigos durante los años más duros de la crisis, visibilizando redes de afecto históricamente invisibilizadas.
Uno de los aspectos más logrados del montaje es su relación con el público. La obra interpela directamente, generando momentos de incomodidad que rápidamente se transforman en complicidad. Esta cercanía no es agresiva, sino profundamente humana: invita a los espectadores a formar parte de una comunidad reflexiva, a sostener —metafórica y literalmente— la experiencia del otro.
El tratamiento visual y escénico es preciso y delicado. Desde el ingreso a la sala, con referencias al imaginario de Félix González-Torres, hasta la integración de material audiovisual de campañas de los años 80, 90 y 2000, la obra construye un tejido donde los medios de comunicación aparecen tanto como dispositivos de estigmatización como herramientas de resignificación.
La pieza transita entre tiempos y relatos: la memoria de quienes murieron, la experiencia de quienes viven hoy con VIH, las luchas por el acceso a la salud, y las persistentes deudas institucionales. Se abordan temas complejos como la maternidad con VIH, la discriminación en sistemas de salud y la dificultad de comunicar el diagnóstico en entornos íntimos. Todo ello atravesado por un principio claro: hoy, gracias a los tratamientos, una persona con VIH puede ser indetectable e intransmisible, aunque el estigma social persista con fuerza.
El humor —inteligente y filoso— cumple un rol central. Escenas como el “talk show” donde el VIH es invitado como personaje permiten desmontar discursos médicos y mediáticos desde la ironía, sin perder profundidad. La obra entiende que reír también es una forma de resistencia.
“El beso de Rock Hudson” no solo reconstruye una historia: la vuelve experiencia. En ese cruce entre archivo y cuerpo, entre testimonio y performance, emerge una pregunta ética sobre cómo convivimos hoy como sociedad. En un momento donde derechos fundamentales son nuevamente cuestionados, la obra insiste en algo esencial: la memoria no es pasado, es una práctica activa de cuidado.
El gesto anecdótico del beso de Rock Hudson a Linda Evans en Dinastía —emitido en una época de pánico global frente al VIH— se resignifica aquí como un acto de humanidad. Un recordatorio de que el afecto, lejos de ser peligroso, puede ser profundamente transformador. Porque, como sugiere la obra, el espectáculo debe continuar, sí —pero no desde la negación, sino desde la memoria, el amor y la lucha compartida.
Coordenadas
GAM
5 al 21 Jun 2026
Vi a Sá— 20 h
Do— 19.30 h
Sala N1 (Edificio B, piso 2)
