El montaje “Madre de la Patria” (Teatro La Crisis), presentado en el Ciclo Disidente de Sidarte, ofrece una lectura escénico-musical de la vida y obra de Gabriela Mistral que destaca por la solidez de su propuesta interdisciplinaria. La obra articula con sensibilidad diversos lenguajes, transformando la poesía mistraliana en materia sonora y performativa, en una operación que desplaza lo literario hacia una experiencia encarnada.
Uno de los elementos más logrados es la versatilidad del elenco: todos los intérpretes ejecutan múltiples instrumentos, configurando una escena dinámica donde lo musical no acompaña, sino que estructura la dramaturgia. Este gesto construye una trama colectiva en la que cuerpos, voces y sonidos se entrelazan constantemente, generando una sensación de tejido vivo.
En un contexto político actual atravesado por pulsiones conservadoras, la obra instala una perspectiva crítica y necesaria. Particularmente relevante es la dimensión afectiva desde la cual se aborda la figura de Mistral: sus vínculos amorosos con mujeres, la visibilización de una genealogía lesbiana y la representación de formas de cuidado que desafían la norma. En este sentido, la pieza articula un potente gesto político al situar el “amor de las madres lesbianas” como núcleo ético y poético.
El dispositivo escénico se despliega a través de cuadros musicales en los que cuatro intérpretes encarnan figuras clave: los amores de Mistral, el huemul y el niño. Estas presencias se entrecruzan en canciones que abordan temas centrales de su obra, como la educación popular, la alfabetización, la pobreza y la materialidad del cuerpo, junto con las marcas de la pérdida que atraviesan su escritura.
La experiencia remite a una suerte de peña contemporánea o concierto íntimo, sin perder densidad teatral. Destaca el trabajo de Lu del Río, cuyo violín opera como un eje tensional que activa los momentos de mayor intensidad dramática. En contraste, la protagonista construye una Mistral desde un registro más naturalista, cercano y contenido, evitando caer en la monumentalización del personaje.
La figura del huemul introduce una dimensión simbólica que dialoga con lo más-que-humano y lo ancestral, abriendo una lectura contemporánea sobre la relación con el territorio y los imaginarios ecológicos. Esta capa se entrelaza con la presencia de lo indígena y lo telúrico, que atraviesa la obra de manera persistente.
Estructuralmente, “Madre de la Patria” se presenta como un entramado: por momentos, un libro de poemas desplegado como paisaje; por otros, una red de afectos, cuidados y memorias. Su ritmo apuesta por una cadencia sostenida, invitando a un recorrido sensible que logra conectar con públicos diversos sin diluir su espesor político.
Se trata de una propuesta cuidada y coherente que, desde una perspectiva cuir, reactiva la figura de Gabriela Mistral para el presente, tensionando historia, afecto y disidencia en un mismo gesto escénico.
