Con el estreno mundial de “Orgullo y prejuicio”, el Ballet de Santiago se ubica a nivel de las grandes compañías mundiales que encargan a coreógrafos obras para su elenco. Esta vez fue el aclamado libro homónimo de Jane Austin, que fue releído en clave de ballet por el coreógrafo Kenneth Tindall y el actor y dramaturgo Ian Kelly. Su trabajo, aunado al talento de los bailarines, logró una propuesta que transmite muy bien la trama de la novela y sus principales motivaciones, a través de una partitura danzada que recoge el clásico y roza lo contemporáneo.
Junto a ellos, hace su aporte en cada escena la construcción musical del también inglés Frank Moon, quien además de componer ensambló trozos de piezas conocidas para lograr la banda sonora perfecta.
La historia de encuentros y desencuentros de la señorita Elizabeth Bennett y el enigmático señor Darcy, sumergidos en disputas familiares y distancias de clase, han capturado a lectores y lectoras de diferentes generaciones que agotaron esta breve temporada en el Teatro Municipal.
El elenco liderado por Katherine Rodríguez y Emmanuel Vázquez consiguió lucirse tanto en los trabajos de conjunto como en los roles principales y de solistas. La coreografía de Tindall es compleja, ya que exige a los bailarines clásicos mucha fluidez corporal en diagonales y trabajo de piso, además de tener un elemento extra como es el deslizarse por el escenario. Este recurso es muy usado por las compañías contemporáneas, pero que resulta más difícil en puntas.
Destacan en esta composición coreográfica los pas de deux, ya que cada uno de ellos es similar a un diálogo de la novela. Y no solo los que suceden entre los protagonistas, Elizabeth/Katherine y Darcy/Emanuel sino también los que protagonizan las parejas de Jane Bennet/Martina Peccioloni con el sr Bingley/Gustavo Echevarría, y por supuesto el de Lydia/Mariselba Silva y Wickham/Eduardo Díaz. Esta última pareja simboliza la pasión irreverente, sin ataduras sociales, por lo que su danza es sensual sin caer en el exceso.
La pareja protagónica dio el tono perfecto de sus personajes: Katherine Rodríguez trabajó la elegancia, la proyección y la contención de Elizabeth; y Emmanuel Vázquez la seriedad y el misterio de su personaje, que lo vuelve un poco distante y que se abre a medida que pasa la obra. Además es una excelente partenaire, siempre al servicio de su compañera para permitirle el lucimiento en arriesgados lifts y variaciones.
Mariselba Silva y Eduardo Díaz son el polo opuesto. La travesura en el caso de ella, que interpreta la hermana menor de Elizabeth; la pasión y la provocación en el caso de él, que encarna al galán seductor. Ambos están muy posesionados de sus roles, de tal manera que se proyecta su carácter y energía al público.
Entre las hermanas de Elizabeth destaca el rol de Ethana Escalona como la dulce Mary Bennett, con anteojos, elegante y discreta. María Dolores Salazar se luce como la madre de las Bennet, con un desempeño intenso y teatral.
A ellos se suma Mauricio Serendero, como el señor Collins, que hace un trabajo de interpretación en tono de humor, creando un personaje con un modo de caminar y de gestualizar facialmente que, sin llegar a la caricatura arranca risas, y aplausos.
La danza de grupos ofreció momentos lúdicos y bien estructurados, con un cuerpo de baile masculino y femenino que demostró su capacidad de respirar al unísono.
Christopher Ash, diseñador y cineasta, modeló diversos espacios (casa de los Bennet, casa de los Bingley, paisajes) con el movimiento de la escenografía y el uso de la iluminación. El vestuario, de Louise Flanagan, es sencillo, funcional y responde a los caracteres de los personajes en cuanto a colores.
Con la dirección de Pedro Pablo Prudencio, la orquesta Filarmónica asumió excelentemente la partitura de Moon con todos sus cambios y sus diferentes colores.
Todos los elementos de la puesta en escena permitieron que la versión danzada de “Orgullo y prejuicio” fluyera sin trabas, contando una historia conocida desde la perspectiva del movimiento y del clásico actual. Un estreno de lujo, que marca un hito en la trayectoria del Ballet de Santiago.
fotos Alberto Díaz
