El centro cultural CEINA mostró esta semana que termina su segunda producción en danza, un área siempre carente de espacios y financiamientos. Se trata de una pieza firmada por Nuri Gutés, destacada coreógrafa y docente formadora de generaciones de artistas. Esta vez presentó “Panthalassa: Prismas de navegación”, trabajo que se inscribe en una línea menos somática y más narrativa, con una fuerte reminiscencia del mar como metáfora de búsqueda interior.
En escena, Kevin Magne, Alexandra Mabes, Mabel Olea, Ámbar Habib, Pascal Schuck y Alejandro Cáceres dan cuerpo a una danza que se entronca con diversos paisajes colectivos relacionados con el mar, la literatura y la iconografía marina, desde una metáfora onírica.
Un elemento fundamental es la visualidad. Del espacio vacío del comienzo surgen luego elementos que colaboran como detonantes de la pieza. El artista Sebastián Maquieira creó enormes remos, que descienden del techo quedando suspendidos sobre los danzantes; además de una especie de puente o puerto, al fondo del escenario, por donde transita el personaje de Alejandro Cáceres. Su vestuario (botas, camisa y pantalón, chaqueta de cuero) denota al hombre de mar, clásico de la literatura o el cine occidentales.
Esos elementos instalan el movimiento en un tránsito narrativo claro pero no definitorio, que lleva al movimiento de lo líquido y que pasa por diversos estados, llevando a que espectadoras y espectadoras conecten con su imaginario.
El espacio sonoro, de Héctor Quezada y Nuri Gutés, combina violín y voces con sonidos metálicos, de aves y de mar, que envuelven a bailarines y bailarines, los sostienen y los impulsa. La sonoridad respira con los intérpretes, es una capa más que dialoga con los cuerpos.
Bailarinas y bailarines lucen diseños de Mauro Núñez, a medio camino entre el traje de época y la textura contemporánea, con detalles en ruedos y mangas, como el uso de botones, plisados y alforzas. Son vestuarios de tinte realista, pero que se escapan de la realidad.
La danza ocupa todo el espacio-escena. No hay reticencias, se transita por todos los niveles, así como también por la danza de conjunto, dúos y tríos, a veces concreta en la relación, otras abstractas. Sencillez y complejidad interactúan en las coreografía que, aparte de la solvencia técnica de todos los intérpretes destaca la conexión entre todos, en segundos, el detalle.
Hay limpieza y fluidez al unísono, pero también particularidades que permiten reconocer al intérprete en su otredad. Las estilizadas líneas de Alexandra Mabes, la sensualidad de Ámbar Habib, la fuerza de Kevin Magnere y Mabe Olea, la plasticidad de Pascal Schuck, resuena en este espacio creado a medio camino entre la realidad y el ensueño.
En el cierre, los intérpretes se salen de los roles, conversan, comparten botellas de agua. Vuelven al cuerpo cotidiano. Ese quiebre refuerza que lo visto está en otro campo, en otra realidad, pero la pertinencia del recurso es relativa y queda sujeta a la percepción del público.
Ficha artística
Producción: CEINA
Dirección coreográfica: Nuri Gutes
Intérpretes: Kevin Magne, Alexandra Mabes, Mabel Olea, Ámbar Habib, Pascal Schuk y Alejandro Cáceres
Artista visual: Sebastián Maquieira
Asistente de dirección: Francisca Molina
Música: Héctor Quezada y Nuri Gutes
Diseño de iluminación: Fernando Solís
Vestuario y arreglos: Mauro Núñez y equipo
