“Rosalyn”: versión nacional hace brillar un texto predecible

“Rosalyn” es una obra del autor italiano Eduardo Erba, calificada como comedia dramática en su sitio web y montada como tal en Italia. La versión chilena, dirigida por Bárbara Ruiz Tagle y la primera obra de Erba en nuestro país, ofrece una perspectiva diferente: ahonda en lo psicológico y en el misterio del texto, estructurado como un best seller del género negro.
La dramaturgia resulta predecible ya que recurre a formulismos exitosos, característica que se atenúa gracias a la visión de la directora que enfatiza los recovecos psicológicos del argumento.
Erbo ubica a una escritora, de nombre artístico Esther O’Sullivan (María Olga Matte), en un interrogatorio policial que se va alternando con flash backs de lo vivido hace cuatro años en Ontario, Canadá. Acusada del asesinato de un hombre en esa ciudad, su testimonio culpa a una mujer encargada del aseo, llamada Rosalyn, que conoció al presuntamente equivocarse de dirección. Sin embargo, en el cadáver hay un objeto que pertenecía a Esther y que la inculpa.
Interesante es cómo se va descubriendo a Rosalyn de menos a más, lo que es muy importante en esta versión. Ella, encarnada por Alessandra Guerzoni, se muestra primero como una mujer ingenua e ignorante, enfrentada a una escritora famosa, cosmopolita y avasalladora. Pero va develando diversas capas de complejidad de escena en escena.
La actriz crea a su Rosalyn desde una corporalidad activa y energética, sacando risas en el público por sus comentarios ingenuos y expresiva gestualidad. María Olga Matte trabaja desde la contención energética, dando cuenta de una mujer que esconde muchas cosas. Ambas hacen una buena dupla, ya que sus estados dialogan permanentemente.
El diseño escenográfico y la iluminación, ambos de Rocío Hernández, son funcionales a las situaciones que se presentan (presente y pasado). Las visuales, de Alex Waxghotn; y el universo sonoro de Cristian Mascaró, entregan sensaciones que completan lo que sucede en escena, en especial la sonoridad que da pistas de que el dilema sucede en una mente traumatizada
Solo el vestuario no está resuelto totalmente, en especial el de Rosalyn al final, de látex negro, que se instala en un espacio completamente ajeno al thriller psicológico.
“Rosalyn”, es una obra de teatro que, sin grandes pretensiones ni búsquedas, revisa el tema de la identidad y los recovecos del yo. El texto de Erboe gana mucho con la mirada que le dan Bárbara Ruiz Tagle y elenco, que permite reflexionar sobre la mente y sus trampas.