“Luna 1939”: Teatro docu-histórico en una propuesta que realza el trabajo en equipo

“Luna 1939”, del Colectivo Makina Dos, pone en escena un trozo desconocido para la mayoría de la relación de Chile con la Guerra Civil española. En ese año un grupo de artistas e intelectuales españoles, exiliados en la embajada de Chile en España, dio a luz una revista de arte que llevaba por nombre Luna. Esa revista llegó a Chile y se perdió su rastro, pero luego fue encontrada en 1991 en la Biblioteca de la Universidad de Chile.
La obra, dramaturgia de Amalá Saint-Pierre y Paco López, combina teatro documental y teatro en el teatro, además de recursos como música, canto y baile, y completa la trilogía con la que Mákina Dos ha explorado la relación entre Europa y Chile durante el siglo XX (“Bru o el exilio de la memoria”, “Auge y caída del Ruiseñor: la historia de Rosita Serrano”).
La primera parte muestra un trabajo de mesa de la compañía. Es decir, una conversación entre el equipo para decidir cómo abordará la puesta en escena. Aunque circulan muchos datos- fechas, nombres y situaciones- , lo que podría resultar engorroso o agobiante para el público, se hace dinámico y entretenido gracias a los roles que adopta cada intérprete (Saint-Pierre, López, Julio Toloza y Orlando Alfaro), y los toques de humor apropiados.
Poner esta información al alcance de los espectadores introduce la representación dentro de la representación, que se desarrolla a través de fragmentos que revisan diversos aspectos; desde el trabajo de los “noctámbulos” en torno a Luna hasta escenas donde aparece Miguel Hernández o aquella donde María Teresa León presenta sus Guerrillas del Teatro.
Los actores y la actriz se desdoblan. Son ellos, investigando, y también los personajes, que componen con detalles de vestuario y cambios en la voz. Sus cuerpos se instalan en el espacio como un elemento más de construcción.
La puesta en escena es bastante despojada. El escenario se ve en toda su dimensión, intervenido por una mesa, sillas y un perchero, más otros elementos que aparecen y desaparecen. En el diseño de escenografía y vestuario está Nicoletta Fuentealba, quien logra recrear la época y además dar funcionalidad con prendas neutras y sencillas.
Fundamentales son la iluminación y la música. La primera, de Nicolás Zapata, dibuja las diversas atmósferas y espacios por donde transita la narración. El espacio sonoro, original de Orlando Alfaro, entrega aires españoles y también de época, subrayando el enfoque documental de la obra.
Las visuales de Diego Montecinos consiguen llevar la acción a diversos lugares en un viaje temporal que captura, sin necesidad de más artilugios.
Amalá Saint-Pierre, López, Julio Toloza y Orlando Alfaro trabajan como un equipo sólido, uno al servicio del otro. Están a la par en interpretación, con personajes logrados y que transportan. La dirección de Pato Pimienta es lúdica, rápida, no permite baches ni transiciones prolongadas.
“Luna 1939” es una obra docu-histórica que consigue traer al presente un ignorado episodio de la historia del siglo XX, con calidad de rescate patrimonial y al mismo tiempo con una propuesta que envuelve gracias a la variedad de recursos y el logrado trabajo actoral.

Fotos Elio Frugone