“La Cenienta”: renovada lectura en fluida propuesta del Ballet de Santiago

“La Cenicienta”, estreno mundial para el Ballet de Santiago a cargo del coreógrafo y bailarín australiano Lachlan Monaghan, propone una revisión al clásico cuento convertido en pop por Disney, sin perder su esencia pero conectándolo de una manera orgánica con valores contemporáneos como la preservación de la naturaleza y el respeto por los animales.
Recordemos que la historia de la joven humillada por su familia está presente en diversas culturas, y fue recogida por Charles Perrault -quien la suavizó- y por los hermanos Grimm, quienes relevaron la oscuridad y crueldad del relato. El ballet tuvo la inhabitual coreografía de tres importantes figuras: Petipa, Lev Ivánov y el maestro de baile italiano Enrico Cecchetti. Fue estrenado en el Teatro Mariinski de San Petersburgo en 1945, con inusual música de Sergei Prokofiev.
Muchos coreógrafos la han revisionado, entre ellos Sir Frederick Ashton-en su versión más conocida-, Thierry Malandain y Marcia Haydée.
Lachlan Monaghan, propone su propia mirada. El punto de partida es el árbol que Cenicienta plantó con su difunta madre, que crecerá gracias a la hermosa escenografía de Christopher Ash. Gracias a sus enseñanzas, la protagonista no es solo una muchacha humillada por su madrastra y sus hijas -aunque no hay golpes ni gritos- sino también una persona con un gran mundo interior gracias a su relación con la naturaleza.
Ella se ocupa del jardín y se relaciona con animales como ranas y conejos -representados gracias a grandes cabezas creadas por Tomás O´Ryan- que alegran su vida.
Así como no hay torturas contra Cenicienta, tampoco está la figura de la gran Hada Madrina, famosa por la antigua película animada de Disney. El coreógrafo prefiere centrarse en las cuatro hadas de las estaciones del año, quienes simbolizan a esa naturaleza que acoge y contiene si la respetamos.
Las hermanastras no son esperpénticas ni grotescas, como en otras versiones, sino que califican como torpes y cómicas, con exigencias técnicas que las obligan, por ejemplo, a estar en puntas sin suspender o con las rodillas dobladas. Un desafío.
En el estreno, este dúo fue interpretado excelentemente por Débora Oribe y María Lobero. Cada una encontró un registro teatral y corporal para su personaje (hombros y brazos arriba una, cuello estiradísimo la otra) que las diferenció y complementó. Encantadoras, sacaron risas y aplausos en el público volviéndose incluso reconocibles..
Laleska Seidel, primera bailarina, demuestra las virtudes por las que fue premiada en 2022 por el Círculo de Críticos de Arte: es dulce, ligera fresca y con una precisión técnica que no la vuelve fría sino lo contrario. Cada movimiento, sea un salto, un giro o un port de bras, port resulta orgánico y significante.
Descalza, en las escenas en la casa de la madrastra, la bailarína transmitió diversos estados anímicos. En el momento en que repite los pasos que sus hermanastras no pueden hacer, refleja desde timidez a una sutil alegría.
Destaca el fin del primer acto, donde la naturaleza alza la voz para ayudarla con gran despliegue de personajes mágicos. Las cuatro hadas, interpretadas en el estreno por Mariselva Silva (otoño), Rocío Gómez (invierno), Milagros Perrella (Primavera) y Oriana Scheidegger (Verano), imponen su presencia a través de saltos, danza de a dos y de a cuatro, con gran predominio de ligereza y brazos ondulantes.
El cuarteto de hadas del estreno demostró solvencia técnica, gracia y rapidez, ofreciendo momentos tan coloridos como virtuosos.
En el tercer acto, el baile de palacio, así como en la escena del jardín el coreógrafo australiano demuestra su manejo de grupos En un despliegue de diagonales y brazos que coreografían formas que pueden verse desde lo alto como un despliegue de flores, llena el escenario con un gran movimiento orgánico.
Felipe Arango estuvo a cargo del príncipe en la función debut. Tuvo un pequeño traspié en su primera aparición, que sorteó con soltura, para luego demostrar su técnica depurada, de grandes saltos y precisión. Sin embargo, al lado de la Laleska Seidel su príncipe resultó un poco falto de emoción en la fisicalidad. Tal vez solo sea un tema de proyección corporal, ya que en la interpretación de un personaje un paso no es solo eso, sino también es intención.
La coreografía de Lachlan Monaghan se caracteriza por la ligereza de pies, la ondulación de brazos y la labilidad corporal. Aunque se trata de una composición de gran complejidad, su organización escénica hace que parezca simple.
El vestuario de Loreto Monsalve y la iluminación de Ricardo Castro se suman para hacer de esta propuesta una suma de capas que permiten profundizar la narrativa. Finalmente, la orquesta Filarmónica -dirigida por Pedro Pablo Prudencio- asumió la difícil partitura de Prokofiev con propiedad, destacando el matiz emocional de cada parte de la obra.
Esta nueva Cenicienta es un gran paso para el Ballet de Santiago, una prueba de que los grandes clásicos pueden releerse y conectarse con el mundo contemporáneo sin perder la dosis de fantasía que los ha hecho inmortales. La compañía, dirigida por César Morales, tuvo un buen desempeño con momentos muy altos que quedarán en la retina del público.

fotos Alberto Díaz